En septiembre de 2016, en medio de un procedimiento sin precedentes en la historia de la provincia, casi 100 hombres de la División Antidrogas de la Policía Federal, con la colaboración de otras fuerzas nacionales y la Policía de la provincia, coparon La Costanera para atrapar al “Gordo Rogelio”, considerado como uno de los máximos exponentes del narcomenudeo en la provincia. Pasaron más de seis años de ese hecho y, en la misma casa donde fue detenido Rogelio Villalba, volvieron a secuestrar droga. Él no estaba, pero sí su esposa y sus hijos. Hasta el cierre de esta edición no se había definido la situación de los tres demorados.

El 17 de octubre, desconocidos ingresaron a una vivienda de un barrio de Las Talitas donde robaron varias herramientas y un telescopio. Los investigadores, al mando de los comisarios Osvaldo Lazarte, Alfredo Beltrán y Joaquín Girbeaux. identificaron a tres sospechosos y solicitaron realizar tres allanamientos.

Una de las medidas se concretó en la casa de Villalba. Allí, además del telescopio, encontraron 400 dosis de cocaína, $50.000 y unas 15 tarjetas de débito. Los plásticos pertenecerían a adictos que los entregaban para que los acusados se cobraran las dosis que les vendían. Varias de ellas eran de titulares de la Asignación Universal por Hijo.

“El sistema funciona así. Estos porquerías le exigen a la changada que les entreguen las tarjetas. Le van dando la porquería y después ellos les extraen el dinero”, comentó Estela Jiménez. “Lo más grave es que esos chicos están tan enfermos que no les importa que sus hijos se queden sin comida”, añadió.

Historia

“El Gordo Rogelio”, también conocido como “El rey del paco”, fue criado por Hugo Daniel “El Rengo Ordóñez” Tévez, considerado como el impulsor del narcomenudeo en la provincia. Cuando falleció, Villalba heredó el negocio que terminó agrandando con la masificación de la venta del paco y de la pasta base.

Su captura en 2016 fue anunciada por las autoridades como un triunfo ejemplar contra los transas de los barrios de la periferia. Fue enviado al penal de Villa Urquiza, donde estuvo alojado hasta 2019, fecha en la que recuperó la libertad por haber permanecido más de dos años con prisión preventiva sin ser enjuiciado.

Su llegada a La Costanera no pasó desapercibida. “Los vecinos lo recibieron con bombas de estruendo y con una fiesta que duró hasta el amanecer”, cronicó LA GACETA en su edición del 29 de marzo de 2019.

Según los habitantes del barrio, Villalba nunca más volvió a estar tranquilo. “Tenía terror a que lo volvieran a meter en la cárcel”, explicó Juana Méndez, una de las vecinas que siguió de cerca el procedimiento. “El Gordo Rogelio” ya había sido condenado en una oportunidad a principios del 2000. Fue acusado de dirigir una banda que entregaba droga con cadetes, una modalidad desconocida en esa época y que después fue imitada por otros transas.

Pasaron los años y, por motivos desconocidos, “El Rey del Paco” nunca fue enjuiciado por esa causa. Seis años después, le volvieron a encontrar droga, pero en esta oportunidad pudo escaparse.