El 14 de mayo, más el presunto retorno de Manzur, se pondrán en marcha las estructuras políticas oficialistas y opositoras, en la disputa por el sillón de Lucas Córdoba. La sugerencia de Manzur, referida a las decisiones políticas en el espacio oficialista, intenta evitar las internas, poniendo a prueba la autoridad de cada uno en sus respectivos espacios, sin romper la unidad, protegiendo sus posicionamientos personales, cuidando de no debilitar políticamente al candidato a Gobernador. Por lo tanto el arbitraje deberá mostrar su efectividad en cada conflicto político interno, donde se perfile una pugna por intereses partidarios, resultado de la imposibilidad constitucional de repetir la gestión, aun cuando el desempeño del funcionario saliente haya sido trascendente, y se crea con derecho a imponer un candidato de su entorno íntimo. El laudo no solamente debe evitar la disputa interna; también debe evitar la fragmentación dirigencial, bloquear la circulación de la ambulancia opositora, medir la aceptación que tiene el candidato en la sociedad, y quizás la capacidad financiera para afrontar los desafíos dinerarios de la elección. Cualquiera sea el momento en que asuma el titular del Ejecutivo, el arbitraje no será una tarea fácil, por las heridas que dejó la interna anterior, que podrían resucitar al asumir Manzur la conducción del Ejecutivo, y hasta alterar algunos proyectos políticos, con fuertes aromas familiares, que ya se están ensayando, con la mira puesta en los ámbitos legislativos, municipales, comunales etc. El resultado de los arbitrajes medirá el reaseguro, y la autoridad política de Manzur a futuro, sin olvidar que, “en política, no se es ni tan amigo, ni tan enemigo”.
José Emilio Gómez
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