"Oir que mi bebé estaba muerto fue lo más desgarrador que viví. Mi embarazo se detuvo antes de cumplir el primer trimestre. Recuerdo que fue desechado como residuo patológico. Además del dolor por su muerte, sentí el destrato de las personas que nos atendieron. Es de suma urgencia que los papás que pasan por esto cuenten con apoyo, compresión y contención". Alba Herrera es mamá de Federico. Y aunque su bebé nunca nació, ella puede contar lo ocurrido porque vivió el duelo y aprendió que los embarazos perdidos necesitan ser visibilizados.
Este sábado se conmemora en todo el mundo el Día por la concienciación y visibilización de la Muerte Perinatal, promovido por la Organización Mundial de la Salud (OMS) con el objetivo de poner en palabras aquello de lo que nadie habla. Y en consecuencia, ayudar a las familias a transitar esos momentos. Los edificios más emblemáticos de muchas ciudades se iluminarán de azul, el color de la fecha. "Mi bebé Martina, de siete de meses de gestación, murió dentro mío. Vivimos horas de sufrimiento, miedo e incertidumbre. Me parecía que a nadie le importaba lo que nos había ocurrido. A mi marido le mostraron su cuerpo en una caja de cartón, de esas de galletas. Yo nunca vi su cara. Ni me ofrecieron tomar unas impresiones de sus huellas... me hubiera servido para toda la vida", cuenta Rocío Fernández, otra mamá tucumana que ha debido afrontar el dolor de perder un hijo en el vientre.
"Hoy, con fortaleza, puedo decir que resulta fundamental que se prepare a los médicos, enfermeros y administrativos para que entiendan a los padres", añade. Las percepciones de estas dos mujeres no son antojadizas: este año el Ministerio de Salud de la provincia ha implementado el primer programa de atención frente a las muertes gestacionales y perinatales, que ha sido llamado "Transcender Acompañados".
Pero, ¿por qué hacía falta un protocolo? "Cuando un bebé nace muerto, los pacientes se enfrentan a una situación sumamente dolorosa. Se preparaban para recibir una vida y en cambio transitan una muerte. Tienen derecho a ver, a sostener en brazos y a despedirse de su hijo o hija. Eso favorece el duelo. Y desde lo institucional, es importante que los miembros del equipo de salud comprendan y brinden acompañamiento. Su rol es clave y puede contribuir a aliviar el trauma", contesta Carla Casado, quien desde la fundación Resilientes ha impulsado las gestiones ante el gobierno local para que se elabore ese conjunto de recomendaciones.
La mariposa azul es el símbolo de las muertes gestacionales y perinatales. Se dice que cuando las madres y padres empiezan a afrontar el duelo, se encuentran como gusanos en su crisálida; luego, renacen de ese dolor. La muerte que ocurre en el útero durante la gestación del embrión, en el primer trimestre o en el segundo trimestre se denomina pérdida gestacional. Aquella que sucede en el tercer trimestre, durante el parto o en la semana posterior al nacimiento se define como pérdida perinatal. Cada año se producen en el mundo cerca de 2 millones de muertes de estos tipos; una cada 16 segundos, según estimaciones de la OMS. En palabras del ministro de Salud local, Luis Medina Ruiz, a las instituciones y sus equipos de salud les compete prepararse y protocolizarse para contener el impacto emocional que estas pérdidas ocasionan. "Es cuando más debemos estar presentes", expresa.
Entre las líneas de acción se destacan la puesta en escena de campañas de sensibilización y difusión; la unificación de la atención en las maternidades públicas de la provincia mediante protocolos; la constitución de equipos multidisciplinarios para la atención, acompañamiento y seguimiento; el desarrollo de capacitaciones y la elaboración de recomendaciones técnicas para que las intervenciones sean de calidad, integrales, oportunas, humanizadas y respetuosas. "El duelo se vuelve invisible cuando nos negamos a hablar. Por ello, el programa Trascender Acompañados busca visibilizar. Nuestro compromiso como parte de un sistema de salud nos interpela en lo profesional y en lo humano", apunta, a su turno, María de los Angeles Soraire, coordinadora del programa.
La psicóloga Daniela Esper -experta en duelo gestacional y perinatal con una dilatada trayectoria en el Instituto de Maternidad y Ginecología Nuestra Señora de las Mercedes- se expresa en la misma línea, pues refuerza la necesidad de darle entidad a la pérdida y mejorar la asistencia de las mujeres y sus familias.
- ¿Cómo se acompaña a los padres durante el duelo?
- Resultan fundamental la empatía, la sensibilización y el personal calificado. No podemos seguir improvisando. Debemos ofrecer tiempo de despedida y dejar que elijan qué hacer con su bebé. Simplemente, se trata de sostener y respetar. Las instituciones públicas y privadas tienen que capacitar a sus médicos, enfermeras, parteras y administrativos.
- ¿Qué falta en la sociedad para entender el duelo perinatal?
- Nos falta entender que la muerte es parte de la vida. Y que nadie espera la muerte allí donde ha sido depositada la llegada de una vida. Es necesario que se implementen protocolos que ayuden a evitar la burocracia de determinadas cuestiones y que dignifiquen a ese bebé perdido que es un sujeto para sus padres; así también, debería ser reconocido a través de una ley de identidad de niños nacidos sin vida. Poder darle un nombre tiene un efecto reparador para la psiquis. No son un NN, un femenino o un masculino. Son bebés que sus papás esperaban y aman. Dignifiquemos ese lugar.
Cuando se le pregunta cuáles son las fases del duelo, Esper explica que se trata de una experiencia única que cada persona afronta según su estilo y sus recursos. Influyen la personalidad, las circunstancias y los ámbitos sociales y familiares. Negación; ira; negociación; depresión y aceptación son esas principales etapas. "Cada una de ellas ocurre de manera diferente y no tienen una lógica estructurada. Algunas de las manifestaciones que dan cuenta de esto son el estado de shock y la insensibilidad; el aturdimiento; la añoranza y conductas de búsqueda; la irritabilidad; la culpa; la rabia; el vacío; la desorganización o desorientación en lo cotidiano; la falta de concentración y de memoria; la mente ausente; la pérdida de la capacidad de disfrute y el aislamiento"; enumera.
Para terminar, Brenda Troccoli -puericultora y especialista en crianza y primera infancia- coincide en que el duelo perinatal sigue siendo un tabú. Y ello dificulta el acompañamiento, razona. De hecho y desde su mirada, tras una pérdida se debe hablar con los otros niños de la familia. "No importan las semanas de gestación. Tampoco importa si le habían dado la noticia a los demás hijos. La vida existió. Y deja huellas emocionales en todos los miembros del clan", expresa.
Por ello, insta a hablar con los hermanos de lo sucedido. Aunque todavía no les hubieran contado del embarazo en camino, ellos son capaces de sentir, asegura. "Los niños pequeños están conectados con el campo emocional de su entorno; principalmente, de la madre. Una vida fugaz tiene tanto lugar en el clan como el resto de las vidas. Dar un lugar a los bebés que habitaron nuestra familia es un derecho de identidad para cada miembro. La verdad esclarece y alivia", cierra.