Frecuentemente, las creaciones artísticas sobre las cosas que nos rodean permiten su distanciamiento y facilitan su abordaje. En ese sentido, la presentación de problemas mentales, como en la comedia cinematográfica “30 días con mi ex”, dirigida y protagonizada por Adrián Suar, o en el drama teatral “El loco y la camisa”, en cartel en la tucumana Sala Ross, podrían posibilitar que distintas patologías que se presentan cotidianamente sean tratadas y debatidas en el plano familiar y de las relaciones cercanas. Más allá de que todo guión es una simplificación de lo que se cuenta, lo relevante es perder el miedo a hablar de ciertos temas y poder dialogarlos en modo habitual, ya que parte de su superación consiste, precisamente, en reconocerlos y tratarlos.

La realidad indica, y numerosos profesionales así lo han planteado, que la pandemia de coronavirus desatada hace casi tres años ha agravado diversas situaciones particulares. Así, la Sociedad Argentina de Pediatría alertó del aumento de conductas relacionadas con trastornos de la alimentación en adolescentes, y en estos días se desarrolla el Primer Ateneo de Neuropsiquiatría “Dr. Juan Dalma”, en el Centro Cultural Rougés para plantear una “doble mirada” entre la neurología y la psiquiatría acerca de ciertos padecimientos.

Las dificultades de tratamiento puntual, en su momento, por el confinamiento; las complicaciones de volver a los consultorios; las coberturas frecuentemente restringidas de las obras sociales, medicinas prepagas y sistema público de salud; y el impacto económico de la inflación y la merma de recursos se confabularon en los últimos tiempos para registrar una situación cercana a la emergencia.

Hace pocos días, la ministra de Salud de la Nación, Carla Vizzotti, y la representante de la Organización Panamericana de la Salud (OPS/OMS) en la Argentina, Eva Jané Llopis, relanzaron en el país el programa global de acción para superar las brechas en salud mental, dirigido a profesionales de provincias para fortalecer las capacidades de atención. “El desafío no es decir lo que hay que hacer y armar una guía, sino articular porque cada jurisdicción tiene un avance distinto y una priorización diferentes. Este momento es muy importante porque no se trata solamente de trabajar en hospitales generales para poder ampliar la atención, reformular los monovalentes y trabajar en distintas áreas; es también fortalecer el primer nivel de atención e involucrar a la sociedad para poder mejorar el acompañamiento e inclusive favorecer la prevención”, resaltó la ministra. Jané Llopis, en tanto, se mostró esperanzada en que se llegue a “la integración de la salud mental al resto de las otras disciplinas de salud, contribuyendo de esta manera a reducir el estigma y la discriminación para poder brindar la mejor calidad de vida a todas las personas”. Hay una necesidad en la sociedad de que estas palabras sean más allá que planteos retóricos y se llegue a acciones concretas. Un nuevo análisis parlamentario de la Ley de Salud Mental, tal como lo piden varias asociaciones profesionales y de pacientes, puede sumar en este sentido.