En recuerdo del Día Nacional del Desagravio al Pueblo Tucumano por el masivo cierre de las fábricas azucareras dispuesto en 1966 por la dictadura de Juan Carlos Onganía, mañana a las 19, en el Museo de la Industria Azucarera, en el parque 9 de julio, tendrá lugar la charla “Cierre de ingenios 1966-1967”, a cargo del doctor Horacio Ibarreche. El encuentro forma parte del ciclo organizado por la Municipalidad de San Miguel de Tucumán (en la foto, el ingenio Santa Lucía).

En su libro “Historia azucarera argentina”, que fue presentado en el XXX Congreso de Técnicos en Caña de Azúcar, realizado en esta provincia en 2019, Ibarreche afirma que este episodio constituye un capítulo de impacto tremendo en la historia de esta actividad provincial. En 1966, el Gobierno nacional, presidido por el general Onganía, se refiere a la ineficiencia de la industria azucarera tucumana. Esta prédica, que sostenía, entre otras cosas, que el país había sido víctima de una industria ineficaz, tuvo todas las características de una campaña propagandística. “Nada era más alejado de la realidad. Tucumán fue el que subsidió al país al venderle siempre azúcar a bajos precios”, dice Ibarreche.

Finalmente, la dictadura militar dictó medidas que derivaron en el cierre de fábricas y en el desempleo de miles de personas. El autor consigna que no fueron los de la década del 60 los únicos cierres. A fines del siglo XIX, en Tucumán había 82 ingenios (muchos de ellos no alcanzaban la condición de complejo industrial). Una gran cantidad quedó en el camino, debido, en gran medida, a que no pudieron adaptarse a la inexorable transformación tecnológica.

En abril de 1972, durante el gobierno militar de Alejandro Lanusse se sancionó una ley que marcó una nueva época para la actividad y estuvo vigente durante 20 años. Consagró un sistema regulatorio inédito hasta ese entonces. “La ley 19.597 no hizo rico a nadie. Eso sí, para algunos, tanto ingenios como cañeros, resultó un tema interesante que no los perjudicó. El conjunto convivió con ella como pudo. No hubo grandes tensiones en ese período y, comparativamente con años anteriores, la participación del Estado fue mayor, pero no tanto porque así lo quisiera, sino porque toda la actividad aceptó que asumiera ese rol. A modo de síntesis, esos 20 años quedan en la historia como el tiempo en el cual reinó ‘su majestad el cupo’”, sostuvo Ibarreche. Durante la vigencia de la ley surgió la maquila, sistema que hizo posible la participación del cañero con una parte de los azúcares.