Ayer fui a la panadería y, debido a mis escasos recursos vigentes, le pedí al empleado que me vendiera tres bizcochos, y con el vuelto, pan. Pagué con $100 y me dio tres bizcochos y un pancito. Le pregunté si no hacían descuento por pago de contado y me miró como diciendo: “mejor ándate, viejo, porque no me va a importar que en el partido del domingo pasado pateé el suelo y todavía me duele el dedo gordo del pie derecho”.

Daniel E. Chavez 


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