Yo os digo: “Pedid y se os dará; buscad y hallaréis; llamad y se le abrirá; porque todo el que pide, recibe; y el que busca, encuentra; y a quien llama, se le abrirá. Pues, ¿qué padre habrá entre vosotros a quien si el hijo le pide un pez, en lugar de un pez le dé una serpiente? ¿O si le pide un huevo, le dé un escorpión? Si vosotros, siendo malos, sabéis dar buenas cosas a vuestros hijos, ¿cuánto más el Padre del Cielo dará el Espíritu Santo a los que se lo piden?” (Lucas 11,1-13).
“Dios sensible al corazón”, escribió Pascal. ¡Dios que nos ha dado toda clase de seguridades en la oración! Nadie nos hace tanto caso ni puede ayudarnos más eficazmente que el Señor.
En estos momentos difíciles que le toca pasar al mundo y a nuestra Argentina debemos acrecentar la oración por la Patria. Son tiempos de pedir luz y prudencia para que la Nación no caiga en situaciones dolorosas y difíciles de revertir. La Oración nos dará fortaleza y al mismo tiempo nos debe impulsar a trabajar con más responsabilidad por la paz del mundo y para que no haya graves problemas en nuestro país. Son tiempos de rezar.
Hay una sola cosa que no podemos lograr en la oración, y es la que no hayamos pedido con fe. Si lo que pedimos entra en los planes de Dios y conviene a nuestra alma, el Señor nos lo concederá cuando Él quiera y como Él quiera; porque Dios da siempre lo que es bueno a quienes se lo piden. Frente a la situación presente podemos direccionar la oración hacia el fortalecimiento de la Esperanza y hacia una xmirada positiva a pesar de un futuro incierto. No podemos bajar los brazos, hay que seguir luchando.
Debemos orar sin desanimarse aunque nos parezca que, a pesar del tiempo que llevamos suplicando a Dios, la ayuda esperada no llega o es insuficiente. No importa. Después de cada fracaso -cuando se trate de pedir el desarraigo de un defecto o la adquisición de una virtud-, pedir perdón, levantar el ánimo y volver a intentarlo de nuevo. A menudo lo que Dios nos otorga primero no es la virtud sino el volver a intentarlo una y otra vez. Así nos cura de nuestra suficiencia y nos enseña a depender de Él. La realidad imperante tiende a desalentar los espíritus, a caer en tristezas que agobian, a que nos domine el pesimismo en la visión de las cosas. La oración nos tiene que ayudar a no estar desesperados, tristes, angustiados.
Dios nos escucha siempre, pero cuando usamos las mismas palabras que Él nos indicó, con más motivo. San Agustín aseguraba que la oración del Padrenuestro es tan perfecta, que, en pocas palabras, encierra todo lo que el hombre debe pedir a Dios. El “Padrenuestro” es, sin duda, la oración más comentada de toda la Sagrada Escritura. Juan Pablo II dice: “Hay en ella una sencillez tal, que hasta un niño la aprende, y a la vez una profundidad tal, que se puede consumir una vida entera meditando el sentido de cada palabra”.
¡Nos comprometemos todos los días a rezar un padrenuestro por la Argentina! Hay que rezar para que haya paz y para que tengamos el Pan de cada día. Hay hambre en esta Nación y no se concibe que en el país del trigo haya hermanos con hambre de Pan. Orar y trabajar por esta bendita tierra que Dios nos dio.