¿Por qué debería asombrarnos el debate acerca de si una pareja cuyos miembros provienen de entornos muy distintos logrará sobrevivir o no a sus diferencias? En realidad, si lo pensamos bien, toda pareja es una relación “transcultural” donde debe producirse una integración: cada persona trae consigo su propia cultura formada por un conjunto de costumbres y valores -más o menos revisados o refundados- que le vienen dados por su familia de origen.

Cuando las diferencias son muy marcadas, el apoyo familiar resulta crucial. Las investigaciones no han corroborado el llamado “efecto Romeo y Julieta”, según el cual se supone que la oposición de los padres logra reforzar el amor: por el contrario, cuando la familia y los amigos están en contra de una pareja, ese vínculo tiene muchas menos posibilidades de tener éxito.

Así lo demuestran diversos estudios realizados en Estados Unidos e Inglaterra en relación a la oposición familiar a los “matrimonios mixtos” (en cuanto a etnia y religión). En 1985, por ejemplo, el 50% de la población inglesa blanca admitió que le molestaría que un familiar cercano eligiese una pareja de un grupo étnico minoritario. Dos décadas después ese porcentaje había bajado al 25%, pero el 50% o más todavía pensaban que a los otros les importaría. Análogamente, esta tolerancia se ha ampliado para la formación de parejas católicas/protestantes, que en otras épocas no eran aceptadas en esos países. Hoy sí lo son y sólo se las cuestiona en muy pocos lugares.

Los expertos en pareja sostienen que, en los “amores poco comunes”, sus miembros deben ser totalmente honestos acerca de su compatibilidad en cuanto a intereses, valores, creencias, etcétera. Y también prestar especial atención al motivo de esa propia elección poco convencional. Así como una persona con la autoestima baja suele enamorarse de alguien muy diferente a sí misma en este sentido, quienes se sienten incómodos con su familia de origen con frecuencia eligen una pareja de religión, etnia o país distinto del suyo propio (o con alguna otra diferencia marcada). Y para muchos estas elecciones resultan una verdadera liberación, como una oportunidad de reinventarse o empezar de nuevo (lo cual no está asegurado, desde luego).

Siempre que la “diferencia” sea el mayor motivo para la elección amorosa, la perspectiva de la pareja no será buena… a menos que las personas sean realmente compatibles en muchos otros aspectos.

En algunas culturas, los “matrimonios mixtos” no resultan tan desafiantes como los que se dan entre personas de diferente clase social. Por ejemplo, en la India, los padres se preocupan sobre todo si sus hijos/as se casan con alguien ajeno a su casta: consideran que las personas pueden tener muchas cosas en común mientras pertenezcan a la misma clase social (aunque haya diferencias étnicas).

El modelo previsible

La conclusión parece ser esta: cuando una relación sigue un modelo previsible, suele ser apoyada con calidez y aprobación, y sin lugar a dudas esta “bendición” es una ayuda al mantenimiento de la pareja. Pero cualquier pareja que no siga los modelos establecidos casi siempre enfrentará más retos, lamentablemente. Es el caso de las parejas homosexuales (aún en países donde existe la ley de matrimonio igualitario), o de las que incluyen a una o ambas personas con discapacidad. También cuando la unión es entre dos que tienen edades muy dispares o que pertenecen a culturas diametralmente opuestas. Y aun las parejas promedio pueden terminar teniendo una relación “poco común” si deciden llevar un estilo de vida que no siga los mandatos imperantes (como ocurre cuando el varón asume las tareas domésticas y el cuidado de los hijos, mientras su esposa sale a trabajar y se desarrolla profesionalmente).

La desaprobación o el rechazo a algunas relaciones por parte de la sociedad pueden ser tan destructivos como la oposición familiar, ya que son capaces de desatar muchos conflictos en la pareja. Es triste que los amantes menos convencionales sufran por serlo, cuando en realidad son precursores de las nuevas definiciones del amor que terminan siendo liberadoras para todas las personas.