“Como dispositivo cultural, los libros representan la posibilidad de encuentro con un sujeto ausente y el viaje imaginario a otro tiempo y a otro espacio; a la vez, ese encuentro nos brinda noticias de nosotros mismos”, reflexiona la investigadora Laura García, del Instituto de Investigaciones sobre el Lenguaje y la Cultura (Invelec), del Conicet, en oportunidad del Día del Libro, que se conmemoró ayer en la Argentina. “Si bien puede haber muchos libros alrededor, para que esas historias, esos cuentos, esas novelas se conviertan en una pieza significativa en mi memoria tienen que haber estado mediadas por un proceso de singularización. Y son ese tipo de experiencias estéticas las que necesitamos seguir promoviendo”, agrega.

Su colega Ana María Risco reflexiona sobre los libros como transmisores de cultura: “el término ‘transmisión cultural’ proviene de la antropología. Aplicado a los libros, los describe como instrumentos de endoculturación, es decir, modos de transmitir la cultural generacional propia del estado de la sociedad, en nuestro caso, la globalizada. En este punto es indiscutible su relación con el sistema de valores -en este caso, cívicos y morales- que se busca establecer y fortalecer en una comunidad en un momento determinado. Un claro ejemplo de la versatilidad de los contextos se constata en las censuras, las quemas, los secuestros y las prohibiciones de libros ‘marcados’ como nocivos, dependiendo de los intereses del grupo dominante de una sociedad. El caso más reciente en Argentina se cometió durante la última dictadura militar.”

Importancia de la lectura

“La lectura puede pensarse como estrategia de resistencia a la inmediatez del presente. La lectura intensa y lenta que nos exigen algunos textos y géneros -como la poesía- se presenta como una forma subjetiva de resistir la voracidad de este tiempo”, enfatiza García, y agrega: “Como lectores somos herederos de un acervo cultural inconmensurable y como mediadores necesitamos acercar a las nuevas generaciones a esos textos disponibles y gratuitos en los libros y en las bibliotecas. Porque en ese marco que ofrece la cultura los sujetos pueden inscribir sus propias experiencias y ampliar sus propias representaciones del mundo”.

Desde el punto de vista simbólico, Risco propone no solo ver el libro en su forma material, sino disociar su lectura del objeto, y lograr una diversidad de formas de acceder al contenido de los libros sin leerlos; por ejemplo, escuchando las referencias de otros lectores. “Por supuesto, esta modalidad está a contramano de la industria editorial, pero se aproxima a una realidad cotidiana e invita a repensar el concepto del libro objeto como único acceso a la lectura”, resalta.