Instantáneamente, luego de la entrevista a Esteban Bullrich, no me quedó ninguna duda que es una persona fuera de serie y, hasta me animaría a afirmar, inimitable. La forma en que aceptó y asumió “obligado”, su cambio de vida es increíble. Creo que no tenemos derecho a protestar ni a quejarnos de nada. Es cierto que, en la vida, todos tenemos nuestras cruces pero su garra, su aceptación de la Divina Providencia y sus nuevas metas, a partir de tomar conocimiento de su enfermedad, en beneficio del prójimo, como así también, su inquebrantable e impresionante fe en Dios resultan llamativos y ejemplificativos. No pasaron desapercibidas sus referencias a la situación actual de nuestro país, la grieta y, sobre todo, las internas, tanto en el oficialismo como en la oposición, que podrían ser claves para nuestro futuro. Fue impactante y emocionante que su diálogo -dependiente de sus ojos- sufriera interrupciones por sus lágrimas. Resulta un ejemplo admirable de persona, unión familiar, honestidad, solidaridad y político inexistentes hoy. Deberíamos hacer, todos, un mínimo esfuerzo de aprendizaje de su escuela de vida. Esteban, sólo me resta felicitarte y admirarte, porque sos un grande de verdad y un santo en vida. Que Dios y la Virgen te bendigan y te acompañen eternamente.
Marcos A. Machado
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