Una década antes de ser un todopoderoso agente secreto, que en una “Misión imposible” despegó agarrado del ala de un avión, Tom Cruise volaba al mando de los controles de las naves de guerra más poderosas del mundo.
Era 1986 y la estrella en ascenso del actor se consolidó en la taquila con un filme pasatista, mezcla clásica de Hollywood de romance y acción. “Top gun” fue un espaldarazo de aquellos que llevó a Cruise a todos los rincones del mundo, mucho más expuesto que con películas de más calidad y prestigio que ya estaba acumulando: venía de hacer “The Outsiders”, dirigido por Francis Ford Coppola, y “El color del dinero”, con Martin Scorsese tras las cámaras y Paul Newman de partener, pero fue un liviano guión de pilotos militares que se enfrentan a desafíos casi imposibles (tragedias y amores de por medio) lo que más conocido lo hizo.
Su fórmula de saltar indemne entre proyectos de muy distinta calidad y para públicos diferentes se mantiene inmaculada. Y mientras tanto, sale al ruedo con la demorada secuela del filme que en América Latina tuvo como subtítulo “Pasión y gloria”, una síntesis de las dos ideas que dominaban el guión: la relación que sólo confirma su continuidad en la última escena y la salvación del amigo ante el acoso de rivales que quieren derribarlo.
Pasaron 36 años, pero la historia se retoma casi donde quedó, aunque con ausencias. “Top Gun: Maverick” llega a las salas de la Argentina (y del planeta) en preestreno, adelantando un día la renovación de cartelera de los cines del país. La ruptura de esta tradición se está volviendo cada vez más habitual, pero estaba reservada a los grandes tanques norteamericanos de superhéroes, sea de DC Comic o de Marvel Estudio. Ahora se abre el juego a un personaje de carne y hueso, sin poderes extraños pero de un carisma al que pocos pueden vencer.
Imposible que el sello no esté puesto en la pantalla en Pete Maverick Mitchell, o sea Cruise, quien es el capitán y nuevo instructor de vuelo de la academia de pilotos de combate Top Gun en California, un espacio reservado sólo para los mejores hombres y mujeres de la Marina de Estados Unidos. Su decisión de no conseguir un ascenso para poder seguir volando es una suerte de declaración de principios, pero el desafío que debe enfrentar ahora lo pone contra las cuerdas.
Es obligado a entrenar a una nueva camada para una operación secreta. Entre los elegidos está el teniente Bradley Bradshaw (interpretado por Milles Teller), el hijo de Goose, su antiguo compañero que falleció en un accidente de vuelo durante el entrenamiento del filme original, en cuya sangre bulle la necesidad de ser reputado como el mejor de la clase.
Los fantasmas y los miedos de Maverick volverán a hacerse presente, y más cuando debe afrontar una misión sin garantía de sobrevida para quienes participen. Todo esto, en medio del regreso del amor (esta vez con Jennifer Connelly como contraparte, una madre soltera y dueña de un bar) y con la reaparición de su exrival Tom Iceman Kazansky (Val Kilmer, quien perdió la voz por un cáncer de garganta y se recurrió a la inteligencia artificial para que vuelva a tenerla en la pantalla), comandante de la Flota del Pacífico. El elenco de estrellas lo completa Ed Harris como el superior de Maverick en la academia.
La ausencia más notoria (y polémica) es la de Kelly McGillis, quien personificó a Charlotte Charlie Blackwood en la primera “Top gun”, la pareja en pantalla del aguerrido piloto. La actriz alegó haber sido excluida porque es “vieja, estoy gorda y me veo según mi edad; y la película no trata de nada de eso. Prefiero sentirme absolutamente segura de mí, de quién soy y qué soy a mi edad, en lugar de valorar otras cosas”.
Pero sus palabras no hicieron mella en los estudios Paramount, que mantuvieron el proyecto original dirigido por Joseph Kosinski (el reemplazante del fallecido Tom Scott ya había trabajado con el protagonista en “Oblivion”) y la decisión de estrenar la película en los cines y no por su plataforma de streaming, aunque debieron esperar dos años de pandemia para hacerlo. El respaldo publicitario del festival de Cannes definió la fecha, Palma de Oro honoraria para Cruise mediante.
La secuela deberá ahora demostrar que valió la espera. Las primeras repercusiones hablan de un filme incluso más atractivo que su antecedente, pero queda el desafío mayor: superar los ingresos de U$S 356 millones que tuvo la entrega original hace más de tres décadas.