Dependiendo del modelo, arreglar los amortiguadores del tren delantero de una auto de gama media puede llegar a costar más de $30.000, entre repuestos y mano de obra. Se trata de una suma que posiblemente desbarajuste la economía mensual de muchas personas. El problema es que el mal estado de numerosas calles y rutas tucumanas expone a los conductores al riesgo de terminar con sus vehículos en el taller.
Los baches y el pavimento deteriorado no son patrimonio de un solo municipio. En el Gran San Miguel se multiplican las calles en muy mal estado. Seguramente hay casos más resonantes que otros, por el alto tráfico que reciben. Por ejemplo, la Mate de Luna, que en el tramo oeste presenta algunas irregularidades, o el Camino del Perú, que más allá de los eventuales bacheos sigue siendo un desastre. De todos modos, basta recorrer arterias en la capital, en Yerba Buena, en Tafí Viejo, en Alderetes, en Las Talitas y en Banda del Río Salí para advertir que el problema está generalizado.
Hay un factor estacional que siempre incide en esta situación. La temporada de lluvias, sumada al tránsito intenso, genera un deterioro inevitable. En esos casos, el desafío debe estar puesto en el mantenimiento. Lamentablemente a veces llega muy tarde, cuando las lluvias ya quedaron en el pasado y los baches se convirtieron en un presente dañino.
Otro factor (quizás más grave que el anterior) tiene que ver con la relación entre distintos estamentos del Estado. Esto ocurre con la SAT y algunos municipios, como el de la capital. Funcionarios de la gestión de Germán Alfaro señalaron numerosas veces que la empresa que maneja el servicio de agua realiza obras que, como es lógico, implican la rotura de las calles. El problema es que después nadie se encarga de tapar el pozo que dejaron. Además, el deterioro de la red de agua y cloacas genera hundimientos y pérdidas que terminan deteriorando aún más las calzadas.
Otro tema a tener en cuenta es el estado que presentan algunas rutas nacionales y otras provinciales. En el primer caso, por ejemplo, el acceso norte a la capital tiene el pavimento deteriorado y repleto de irregularidades desde Las Talitas hasta el inicio de la avenida Siria, en las puertas de San Miguel de Tucumán. Si nos referimos a las provinciales, el panorama se vuelve mucho más grave. Quienes lo pueden atestiguar son los productores rurales que deben transitar caminos que presentan un estado inverosímil. Lo más grave de todo es que por muchas de esas vías sale gran parte de la producción que mueve la economía de Tucumán. En tiempos de lluvia, se convierten en ríos. En tiempo de seca, muchos constituyen huellas intransitables a causa de innumerables pozos y del avance de las malezas. Quienes también sufren con estos problemas son los habitantes de muchas localidades del interior que deben trasladarse por caminos provinciales muy deteriorados para ir de una localidad a otra.
En lo que respecta a las rutas, hay cuestiones para resaltar. Una de ellas es la obra de acceso a Trancas, que está avanzada. Una vez lista habrá resuelto un grave problema de inseguridad vial. La construcción de la autopista Tucumán-Las Termas, que ya fue anunciada, implica la instalación de un paso sobrenivel en el cruce entre las rutas 9 y 306, a la altura de San Andrés. Ojalá que los plazos se cumplan y sea posible ver los resultados en no más de 18 meses.
Más allá de estos hechos, creemos que tanto en el caso de las calles como en el de las rutas, el mantenimiento periódico y puntual es clave. Sin eso, se volverá cada vez más difícil transitar por Tucumán.