¿Qué es lo que marca la diferencia: un empresario exitoso que acumula dinero o aquel que marca huellas y deja un legado en la compañía? La respuesta es sencilla y apunta más al diseño de una nueva sociedad con inclusión mayoritaria de la población. Y como dice Israel Cinman, director del Instituto Cinman, que ha entrenado con éxito a cientos de dirigentes de las más variadas organizaciones internacionales, “el éxito y el logro a lo largo de su carrera será el de subir a bordo a la mayor cantidad posible de ciudadanos a un mundo inclusivo”. Isra, como se lo conoce en el mundo de los “speaker” globales, no pierde su acento santiagueño. Ha nacido en Termas de Río Hondo y ha realizado parte de la secundaria en una escuela de Concepción. Con la calidez propia de un hombre del interior, Cinman ha vivido la mayor parte de su vida en Israel y de ese país viene postulando la estrategia para construir un ecosistema de alto rendimiento en innovación disruptiva. La semana que viene, el experto tiene previsto dictar un seminario en Tafí del Valle, en un encuentro organizado por la Asociación Cristiana de Dirigentes de Empresas (ACDE). Antes le concedió la siguiente entrevista a LA GACETA.

-¿Por qué plantea el dilema de distinguirse o extinguirse?

-El mundo plantea el desafío de distinguirse frente a una determinada cantidad de personas que hacen más de lo mismo y cree que está haciendo un cambio. En realidad, lo que están haciendo es un cambio dentro del modelo y no un cambio del modelo. Por eso los efectos son muy acotados. El cambio del modelo es más profundo y el punto de partida es distinguirse dentro del viejo modelo para ser altamente exitoso.

-¿Cuál es el modelo que propone a los empresarios y emprendedores?

-Un proceso de innovación incremental hacia la disrupción para todos los empresarios, emprendedores y agentes sociales de Tucumán. Antes que todo, sería bueno marcar ciertas diferencias conceptuales sobre la innovación, la creatividad y la disrupción. La creatividad es hacer algo que no necesariamente sea económicamente rentable. La innovación sí está conectada con una orientación hacia un resultado rentable. Pero la disrupción es superlativa a las otras dos, porque no solamente hace algo rentable, sino que crea un nuevo mercado con el nacimiento de una idea. Un ejemplo de disrupción incremental en Tucumán es el caso del alconafta, que ha sido la base para crear un nuevo modelo para el mercado y, además, habilitó nuevos entrantes. Y vale otro concepto: la disrupción no es propia de una sola persona o entidad; para que se desarrolle hace falta un ecosistema disruptivo, que cree sinergía, en base a un liderazgo que se valore y se legitime socialmente cono innovador. Para que todo esto sea posible se requiere la generación de un entramado o redes compuestas por empresarios, representantes del sector social, académicos y las corporaciones. En este contexto, no se puede hablar de empresarios ricos en sociedades pobres. La clave es cocrear un ecosistema donde el beneficio sea sistémico, para todos los intervinientes, con alto impacto social.

-Pero, para que eso sea posible, se necesita un cambio de mentalidad...

-Esa es la clave. Ese proceso tiene que observarse en todos los ámbitos para poder armar un entramado. No se puede dar misa sólo a los fieles. Hay que dar misa a todo el mundo para que todos se den cuenta de que la prosperidad tiene que ser colectiva. No hay soluciones individuales a problemas colectivos: no estamos hablando de empresarios desconectados de la sociedad, de aquel que tiende a excluirse, por ejemplo, en sus barrios privados y donde solo trata de cuidarse más que aportar. En todo este proceso hay otros vectores que hay que tomar en cuenta. Por ejemplo, trabajar en un ecosistema que contenga a la educación, a la academia, a las redes de defensa del trabajo o sindicatos y al propio Estado. No hay Estado sin academia, sin sindicatos ni empresas. También es vital la infraestructura. Si tenemos buenos emprendedores y buenos empresarios, también tendremos infraestructura donde se pueda mover la productividad. Nadie dice que este proceso no sea complicado. El Gobierno y las instituciones públicas deben facilitar el proceso para impulsar a los emprendedores.

-En la Argentina cuesta generar consensos y muchas veces las intenciones quedan a mitad de camino por la falta de compromiso hacia algún proyecto...

-Ese es un gran problema no sólo de la Argentina, sino también de toda América latina. No tenemos un trabajo interdisciplinario; no está en nuestra currícula como algo importante. Vemos un mapa fragmentado del mundo que no se intercepta. Afortunadamente asoman en el país algunas vinculaciones de ecosistemas disruptivos y emprendedores en varias provincias, como Córdoba o Corrientes. Hay que ver además cómo se valorizan las historias de éxitos.

-Esas historias constituyen casos de análisis acerca de cómo hay que hacer para llegar a la meta propuesta. ¿Se aplican en todos los escenarios?

-Las historias de éxito generan cultura y eso es clave y las personas que trabajan en la disrupción generan una cultura que manda en la organización. No es que no importe lo tangible; lo intangible también es valioso, como por ejemplo la narrativa del éxito y cuánto se valora a un emprendedor disruptivo que crea una cultura imitable. Pero además puede llegar a plantearse que aquellos que tuvieron ciertos resultados muchas veces ni los comentan porque el éxito está bajo sospecha en nuestra cultura.

 -¿Por qué?

-Suele suceder o pensarse que la gente que tuvo éxito está dentro de un marco no muy claro. El éxito se lo plantea desde lo económico y no siempre tiene que ver con eso. Eso puede ser un resultado del éxito, pero estamos medio peleados con el tema de la prosperidad sistémica. Hay que ver cómo se transforma a la sociedad. Hay que trabajar en el hackeo del modelo histórico del éxito para llevar a un modelo que genere prosperidad sistémica.

-¿Quién es más exitoso: el empresario que acumula dinero o el que deja un legado, una huella en la sociedad?

-Creo que hay que cambiar de cuajo el concepto del éxito por el concepto de logro. El logro tiene que ver con cuando tu resultado incide para la construcción de un mundo más inclusivo. Estamos frente al gran cambio de época; hasta las mediciones cambian. Por ejemplo, el Producto Bruto Interno (PBI) no es que este mal, pero si se lo analiza hasta su creador, Simon Kuznets, lo ponía en dudas porque sostenía que sus efectos eran limitados ya que no plantea la manera de incluir a la gente en esa medición. Hoy, y particularmente en la Argentina, tiende a marginalizarse a esa gente. El éxito y el logro, entonces, será subir a bordo a la mayor cantidad de personas posibles a un mundo más inclusivo. Un empresario o un emprendedor de logro tiene que diseñar una nueva sociedad con mucho más inclusión. Ya no se resiste ningún sistema con tantas asimetrías como las que se observan en buena parte del capitalismo periférico. Y tenés diferentes vías para alcanzar la meta. Por ejemplo, las empresas B, de triple impacto, no sólo vinculado con lo económico, sino también a lo social y a lo ecológico. Lo ves en todos lados. La Organización de las Naciones Unidas lo plantea; también los Objetivos para el Desarrollo Sostenible (ODS). Todos te están hablando acerca de que no es suficiente el éxito económico. Tenemos que expandir nuestras miradas y ver qué es lo que está haciendo el nuevo mundo. Tucumán, en ese aspecto, tiene un enorme potencial; una densidad importante de población; una multiplicidad de universidades; un mercado importantísimo para la región; tiene turismo. Pero lo que veo que está fallando es el entramado del encuentro; no hablo de las reuniones asimétricas, sino de las simétricas, en el que la academia trabaje al lado de las empresas y viceversa. En esta experiencia, creo que no puede haber un emprendimiento de alto valor inclusivo si no están los deportistas y la gente de la espiritualidad. Ambos tienen un sistema de adherencia única, basada en la fidelidad. Los empresarios tucumanos, no obstante, están trabajando en el nuevo modelo. Se están dando cuenta que el éxito del pasado no me asegura el éxito del futuro. Eso es muy fuerte.

Bio

Israel Cinman lleva el nombre del país en el que vivió gran parte de su vida y que, además, marca las raíces familiares. Isra se define como un fanático de Tucumán y pasó su adolescencia en Concepción. Pondera la centralidad de la provincia en la región. Se dedica a desarrollar ecosistemas con disrupción exponencial a través del modelo israelí.