La evolución del delito rural se da en función, principalmente, de los cambios que se han operado en la actividad productiva, de supervivencia doméstica y de desplazamiento poblacional. Es por lo menos lo que se observa en el sudeste tucumano en donde el abigeato, por ejemplo, es un flagelo que ha perdido fuerza a partir de que la producción de vacunos, que aunque se incrementó en cantidad de cabezas, se redujo en cifras de ganaderos.

Estos productores tienen sus animales en extensos corrales o feed-lot con instrumentales de seguridad de última generación. Son escasos los que los mantienen librados al pastoreo en campos abiertos, como en otros tiempos. La producción doméstica prácticamente se ha extinguido. “Mi padre tuvo muchos animales en un tiempo. Era una actividad que le gustaba pero que le daba bastante trabajo y dolores de cabeza. Tenía que cuidarse de los robos. De a poco la fue dejando hasta quedarse sin nada”, contó Alejandro Elías, de Monteagudo. “Ahora hay más vacunos en la zona de Leales y Chicligasta. Por aquí se ven más rebaños de ovejas y cabras. Pero se comenzó a ver también otras producciones. Sobrevive algo de la cría doméstica de vacas en comunidades más aisladas y rodeadas de montes. La carne es generalmente compartida por varios vecinos”, dijo.

Las carnicerías de Monteagudo, cinco en total, son todas abastecidas por frigoríficos. El caballo, en tanto, que siempre fue blanco preferido de los cuatreros, ha dejado de tener valor económico o como medio de transporte, al haber sido desplazado por los vehículos a motor. Los de competencia tienen resguardo y cuidados especiales. Para esto hace falta solvencia económica. En consecuencia la cantidad de equinos se redujo sensiblemente en muchas poblaciones de la zona. Los pocos caballos de uso doméstico que sobreviven no dejan de ser acechados por los delincuentes que, según se confió, los faenan con fines comerciales. “Antes en la feria local, como en la de Simoca, había filas extensas de sulkys u otros carros tirados por caballos. Ahora se observan motocicletas nomás”, indicó Elías.

Las producciones de soja, de otros cereales, de porcinos, de aves, de ovejas y cabras, paulatinamente han ganado terreno. Entonces comenzaron a prevalecer otros tipos de robos. Ahora se denuncian sustracciones de motobombas, mochilas para fumigar, cables de bronce, baterías, mangueras de riego, desmalezadoras, agroquímicos y combustibles.

Cambio de hábitos

La motocicleta, que suplantó al caballo, se transformó en medio de movilidad para cometer los ilícitos. Es lo que observó Luis Suárez, un productor de Leales que en poco tiempo sufrió alrededor de cinco robos en su finca. “Uno va perdiendo la capacidad operativa porque los ladrones te llevan elementos de trabajo que, por su costo, se van haciendo difícil de reemplazar” precisó. “En mi caso nunca recuperé lo que me arrebataron”, dijo. José Valdez contó que durante muchos años vivió en Esquina, al este de Monteagudo, y al igual que otra gente que era oriunda de ahí, tuvo que abandonar el lugar a causa de las inundaciones frecuentes. Las aguas y los ladrones se llevaron varias de las vacas que tenía. “Conseguí un terreno aquí en Monteagudo y me levanté una casita. Me vine con mi familia y lo poco que sobrevivió a las crecientes. Hay gente que se instaló en La Madrid y otras se fueron a Simoca”, reveló. “Por estos lugares uno ya no puede mantener a los hijos gracias a los animales o los cultivos. Tiene que salir a ganarse la vida en el limón, la zafra, o yendo a trabajar en otras provincias”, apuntó. Hay otros, a diferencia de Valdez, que se instalaron en villas de emergencias y se dedicaron al delito. Es lo que advierten algunos investigadores de la Policía.

EN LA MIRA. Los animales son un botín preciado para los delincuentes en zonas rurales.

Más prevención

El comisario Luis Castaño, jefe de la División de Delitos Rurales de la Policía, admitió las variaciones que se fueron dando en la modalidad del delito rural a partir de la modificación de la geografía y las variedades productivas. De todos modos advirtió que el abigeato persiste y tanto es así que hace pocos días la repartición logró recuperar en Carbón Pozo tres vacunos que habían sido sustraídos en la zona. La repartición tiene unidades en Graneros, Simoca, Villa de Leales, Burruyacu, Tapia y Capital. “La nuestra no es una provincia ganadera como otras en las que hay grandes extensiones con animales. Aparecen otras actividades más importantes y que están en la mira de los ladrones. De todos modos hay familias aún con vacas o equinos en una escala menor que son víctimas de ladrones que roban con fines de comercializar carne. Nos hemos dado con restos de caballos faenados”, comentó el oficial. “Merced a que ahora disponemos de más móviles y personal, el despliegue de nuestra fuerza con fines preventivos y de investigación se ha incrementado con resultados positivos”, aseguró. Castaño dijo que los valles es una de las zonas en que Delitos Rurales prevé una mayor presencia ante la proliferación de animales en la ruta 307 y la necesidad de prevenir accidentes y robos.