Un pacífico dragón púrpura de papel maché invita a entrar en el Museo Casa de la Ciudad el viernes a la noche. Estoico, como si estuviera en medio de una nevada en “Juego de tronos”, Jon Snow atrae las miradas. Posa sin drama para las fotos que le pidan, garantía de que su personaje está bien representado. Es el cosplayer Martín López, uno de los organizadores de la I Expo Lúdica del NOA.
La acción -intensa y divertida- se desarrolla en el jardín posterior, donde se desplegaron los stands. “Es un grupo de jóvenes emprendedores, muchos de ellos diseñadores de juegos de mesa, que tuvieron esta maravillosa idea de darlos a conocer de una manera más social, de agruparse y de montar esta exposición, con entrada gratuita”, explica Laura Morales, directora del museo. Se refiere a los emprendedores Ludiverso-Club de juegos de mesa, H.T. Games-Juegos de mesa educativos e Inworld Realidad Virtual.
Algunos jugadores apenas si han aprendido a caminar: vigilados por sus mamás se entretienen con juegos de encastre de todos colores en el césped.
Otros, más grandecitos, juegan un ajedrez gigante. Son apenas más altos que las piezas. Damián, Matías, Ezequiel y Leandro tienen entre seis y nueve años. “Estaba acostumbrado a jugar a las damas. Quería aprender a jugar ajedrez, y ahora ya sé jugar excelente”, asegura Leandro, cuyo abuelo les enseñó a él y a su hermano. “Es lindo jugar en este tablero gigante, y es más cómodo agarrar las piezas. ¿Vamos a salir en el diario?”, se asombra Ezequiel. El viejo ajedrez reina tanto en el suelo como en largos mesones donde se disputan partidas niños y señores que peinan canas.
La realidad virtual atrae a chicas y chicos de unos 10 años, que hacen fila para calzarse el casco visor, tomar los sensores y empezar a volar por el recorrido y las sensaciones increíbles que propone Inworld Realidad Virtual, empresa que ofrece el sistema en alquiler para todo tipo de eventos.
Adolescentes y jóvenes se agolpan en torno de los juegos de mesa, cuya variedad es asombrosa. Unos juegan entre amigos, otros en familia. “Tenemos más de 100 juegos en la ludoteca, para todas las edades y todos los gustos, que damos en alquiler, como un videoclub. Se aprende muchísimo jugando y es muy divertido. Tenemos juegos a partir de cuatro años que son argentinos. De ellos estamos mostrando los nominados a Mejor Juego del Año de los Premios Alfonso X. Los más sencillos son el ‘Guau!’, ‘Originarios’, el ‘Patagonian’... Después hay juegos más complejos de estrategia. como ‘Through the ages’, un juego de civilizaciones donde hay que crear una civilización propia y descubrir tecnologías nuevas, construir edificios, tener líderes, y es un juego de manejo de recursos largo; cada partida puede durar de cuatro a cinco horas”, afirma David Sepel, coorganizador, emprendedor de Ludiverso y de diseño gráfico, que trabaja como ludotecario en Francia.
La varita de Harry Potter
Hay stands que no atraen por juegos. Son las que ofrecen desde la varita de Harry Potter, cartas de todo tipo y pins hasta un chocolate Willy Wonka. Otro stand rodeado de gente que demora en decidir qué personaje se lleva es el de la Feria de Coleccionistas de Tucumán, que atiende Adrián Haro, quien aclara que los compradores son de todas las edades.
Maxi (27 años) juega ‘Magic The Gathering’, que es “un juego de cartas bien complejo, de nivel alto y muy competitivo en los torneos. Te pone mucha presión, te activa todos los sentidos. Cuando termina te relajás y sentís el trabajo que ha hecho tu cerebro. Pero ahora vine a jugar ‘Catan’, también de mesa, dinámico y suelto”.
Ezequiel Navarro, otro coorganizador de la expo, convoca a los jugadores en un juego de rol: “se trabaja con la imaginación de las personas. Hay parámetros crear personajes, y de ahí la historia la va generando un director. Los dados determinan cómo se van a ir dando las situaciones. Es todo muy imaginativo y hay mucha inventiva”. Ayer, el Museo Casa de la Ciudad volvió a abrir sus puertas a la diversión en su última jornada de un evento que demostró que jugar no es sólo cosa de niños.