El rumor de la “Marcha fúnebre” se cuela por la ventana y se escapa por las calles de Tilcara. Se arremolina en el poncho del viento y se trepa lentamente al Pucará, esa fortaleza donde duermen la cultura y los dolores de una raza exterminada. Al planear en lo alto, las corcheas del músico polaco se entreveran con el son de una quena que sacude en soledad el corazón de la Quebrada de Humahuaca. Las alas de Chopin se van plegando en las manos de Miguel Angel Estrella, que ahora se elevan lentamente del teclado.

El laureado pianista tucumano, embajador de Buena Voluntad de la Unesco, está feliz porque en setiembre pasado debutó en París la Orquesta para la Paz, un proyecto de Música Esperanza (ME) que alumbró luego de 14 años de gestiones. “Estamos cumpliendo 20 años con dos programas: la concreción del viejo sueño de formar en Tilcara músicos sociales que sean los que devengan aptos para trabajar en los lugares más difíciles de nuestra sociedad y la creación de la Orquesta para la Paz en Medio Oriente”, explica.

- ¿Cómo fue el debut de la orquesta árabe-israelí?

- Ya desde de la primera vez que se juntaron, el 19 de agosto pasado, los vi en el escenario del teatro donde pasaron tres semanas ensayando. Se me ponían los pelos de punta al ver ese símbolo, porque los 40 chicos no se conocían. Empezaron a mirarse, se guiñaban el ojo; uno hacía una frase de Brahms en el violín y otro le contestaba en el violonchelo. Una cosa maravillosa de vivir.

- ¿Cómo se relacionan entre ellos?

- Hay una complicidad afectiva y musical notable entre ellos. Se nota la fiebre de tocar juntos. “Nosotros somos la paz, somos una familia”, le dijo al público un violinista argelino. Además de los conciertos convencionales para transmitirle al público que la paz es posible, que depende de los grandes, de la voluntad política de los que tienen el poder en el mundo, la orquesta tiene otros objetivos. Uno de los conciertos se hizo en Ville Juif, un barrio de París, y coincidió con la víspera del Rosh Hashaná. Y entre árabes e israelíes, después del concierto, armaron una fiesta para todo el público con un ritual judío viejísimo para desear el Feliz Año Nuevo al hermano, que consiste en regalar una rodaja de manzana con un poco de miel. Lo que era eso, ver a los chicos árabes ofreciéndoles manzanas a los chicos israelíes... Desde hace un año y medio estamos realizando tareas musicales de apoyo a los conservatorios de Palestina.

- ¿Prosigue la campaña de ME para conseguir medicamentos para la Argentina?

- Nos hemos visto enfrentados a una inmensa cantidad de problemas burocráticos. Todos los días, cuando estaban los medicamentos para embarcar, la Cancillería argentina nos pedía una cosa, al día siguiente otra. Así el primer envío tardó tres meses. En los tres envíos que hubo, estuvimos peleando con todas las consignas que nos enviaba la señora de Duhalde desde la Cancillería; todos los días faltaba “cinco pa’l peso”. La embajada argentina, que era la intermediaria, colaboró muchísimo, pero siempre faltaba algo. En un momento, la Orden de Malta -que es en Francia el non plus ultra del almacenaje de medicamentos que se envían para todo el mundo- se hartó. “No queremos trabajar más con la Argentina. Nos crean muchos problemas”, dijeron. La misma reacción hubo de Aviadores sin Fronteras. No lo podían entender. “Ningún país del mundo -dijeron- te crea tantos problemas cuando le vas a dar algo”. Estos organismos se sentían muy ofendidos por la cantidad de requisitos que exigía la Argentina. Una cosa infernal. Por esa razón, se perdió una donación de 810.000 kilos de medicamentos, que finalmente fueron a parar a Las Filipinas.

ENTRE CORCHEAS

NO ERA EL PARAISO.- “La idea de la orquesta surgió en mayo del 88. Yo andaba haciendo una gira por Medio Oriente que terminaba en Israel y era organizada por el Ministerio de Relaciones Exteriores de Francia. Tenía ganas de conocer el Israel profundo; no sólo tocar en Tel Aviv. Entonces, cuando terminó la gira me anoté como voluntario para ir a tocar a pequeñas aldeas israelíes y en algunos kibbutz. Y me encontré con cosas fantásticas, con pequeñas aldeas donde palestinos, islámicos o palestinos cristianos habían decidido con los israelíes, de común acuerdo, vivir juntos y en paz. No era el cielo ni el paraíso, pero el no discriminarse era norma. Me pareció algo extraordinario y pensé en ese momento: “la música es lo mejor para unir a estos pueblos”. Fue entonces cuando pensé en una orquesta palestino-judía. Esa fue la primera idea.

EL TEJIDO SOCIAL.- “El proyecto de ‘La cultura pide la palabra’ que ha iniciado Música Esperanza Tucumán me parece muy bueno. Es positivo que la gente de la clase media que ha tenido la oportunidad de estudiar haga prestaciones en las escuelas, sobre todo en las más desprotegidas. Es una forma no sólo de integrarse al hecho educativo, sino de ayudar a recomponer el tejido social”.

MÁS CERCA.- “Hubo un sector de la prensa que quiso enfrentarnos con Daniel Barenboim. No veo por qué debemos rivalizar. Ojalá que haya 100 orquestas para la paz. Así estaremos más cerca de lograrla”.


(*) Entrevista a Miguel Ángel Estrella publicada en LA GACETA el 13 de octubre de 2002.