A Federica (8) y Lorenzo Zankiewiez (10) les encanta dibujar. Por la edad, podría tratarse de un dato menor, pero con ellos la cosa va muy en serio. La evidencia aparece en la cantidad de cajas llenas de bocetos que se atesoran cerca del living. Por no hablar de las filas de carpetas. ¿Pueden adivinar que guardan dentro? sí, son más y más folios garabateados.

Sin embargo, cuando parecía que la tinta del mundo se acabaría, ambos dieron un paso extra. Ahora, sus diseños son la esencia de “Chilalo”; un proyecto solidario en el cual los pequeños artistas hacen remeras estampadas. El propósito final: usar el dinero recaudado para ayudar al merendero “Chispitas de amor” del grupo Alas Solidarias (@alassolidarias.tucuman).

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Esta es una historia de cómo el arte y los valores llegan a buen puerto.

Unidos y creativos

Todo arrancó con la clásica introducción de “había una vez… una pandemia”. Era 2021 y el cambio de hábitos que ocasionó la covid dejó como saldo una habitación repleta de manualidades (tesoros para evitar el aburrimiento).

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“Al ver las cosas que armaron durante ese tiempo, pensé que resultaba una pena que sus habilidades se limitaran al papel. El arte representa una herramienta para conocer o tomar acción sobre la realidad; eso era lo que quería enseñarles. La idea de canalizar ese don artístico derivó en ayudar a otros niños en situación de vulnerabilidad y ellos aceptaron entusiasmados”, explica la abuela María Inés Palazzi.

De a poco, la iniciativa familiar tomó vuelo y -en septiembre- aparecieron los primeros textiles intervenidos. “Estamos felices porque ya logramos hacer nuestra primera donación al comedor. De las ventas obtuvimos $ 10.000 para comprar útiles escolares, indumentaria, calzados y alimentos”, comenta Cecilia Krausbeck, madre del par de dibujantes y especialista en Artes Plásticas.

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A su lado, “Lolo” asiente sin siquiera apartar la vista de sus nuevos bocetos. Sobre la mesa, mundos postapocalípticos muestran a monstruos, aliens y hasta robots luchar. En cada imagen, el nivel de detalle es admirable, pero él insiste en que debe seguir practicando.

“Cuando era más chico recuerdo que dibujaba mucho a Batman, pero parecía un gato con dos patas. Ahora lo que prefiero hacer son caricaturas en blanco y negro”, relata a pura risa.

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Sea en diseños con torres infinitas o naves espaciales, ver su firma en las entregas lo llena de orgullo. “Algunas de las ilustraciones las hago con un lápiz óptico en la computadora y algunas cosas llegué a secuenciarlas para armar historietas o videos. Todo lo que dibujo viene de mi imaginación, los videojuegos que sigo o tutoriales de YouTube”, agrega el alumno de quinto grado del Colegio Boisdron.

A “Fede”, las creaciones sobrenaturales de su hermano la traen sin cuidado. Sin embargo, la pasión con que agarra los marcadores resulta idéntica. Del catálogo de fotos de “Chilalo” (disponible en @chilalo.proyectosolidario), sus obras se caracterizan por mostrar flores, hojas, jardines con enredaderas, aves y muñecas super coloridas.

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“El secreto está en la manera de pasar las acuarelas”, confiesa mientras da los últimos toques al labial de una bailarina. “En casa siempre tenemos actividades e inventos para hacer. Además de dibujar, cuando estoy aburrida juego a hacer muebles y ropa para muñecas con materiales reciclados (por ejemplo, con tapitas, recortes de revistas, cartón o cajas)”, prosigue.

Experiencias transformadoras

En la casa de los mini aristas, el talento para las artesanías se comparte de generación en generación. Lo mismo pasa con el compromiso de ayuda social.

“Los fines de semana, somos un hogar de tránsito para un chico llamado Gael. Él tiene casi cuatro años y está en proceso de adopción. Esos días, evitamos jugar con elementos pequeños o pintar mucho porque es inquieto y nosotros decidimos tener cuidado y ver que no le pase nada”, acota Lorenzo.

Productos

Con el resultado de las remeras estampadas, el siguiente desafío es que los dibujos de “Chilalo” aparezcan en agendas, cuadernos y juguetes. Sobre estos últimos, la mente de Lorenzo viaja a millones de kilómetros por minutos. Él se levanta de la silla y empieza a desdoblar una lámina gigante.

Sin mayores preámbulos, muestra emocionado su juego de la Oca (nivel extremo). “Todavía estoy colocándole los números y me faltan algunas mecánicas y atajos para terminarlo. En total, tiene nueve universos: hay un bosque profundo, un área desértica, una zona nevada, cuevas, volcanes y un palacio”, señala.