Una mega constelación de más de 9.000 toneladas de piezas metálicas gira alrededor del planeta. Se compone de decenas de miles de partes pequeñas, que se desprenden mayormente como residuos durante los lanzamientos espaciales y vienen acumulándose desde la puesta en órbita del satélite ruso Sputnik 1, que en 1957 dio origen a la era espacial.

En total, unos 11.881 objetos se lanzaron al espacio con fines científicos, militares y comerciales, según el índice actualizado a noviembre de 2021 de la Oficina de Naciones Unidas para Asuntos del Espacio Exterior, señala la agencia de noticias Télam en un informe en su página web.

Con el tiempo, el número y el área que ocupan estos objetos fue cada vez mayor, y hacia finales de 2020, la Agencia Espacial Europea (ESA, por sus siglas inglés) rastreó unos 28.218 cuerpos en órbita con un tamaño de más de 10 centímetros y más de un millón de fragmentos demasiado pequeños para ser clasificados.

De ellos, 2.800 fueron identificados como naves espaciales funcionales; el resto son desechos que continúan orbitando y, según la ESA, alcanzan las 9.228 toneladas. En ese acumulado aparecen también partes de satélites que se rompen o herramientas que los astronautas pueden perder en su estancia espacial al hacer un arreglo.

Es que después de un impacto accidental, los escombros de una nave llegan a formar una nube que gira alrededor del mundo. O la cámara que un astronauta extravía durante una misión puede unirse a un enjambre de chatarra que orbita sin rumbo. Y un satélite obsoleto continúa su trayectoria durante años sin ningún propósito.

De acuerdo con la ESA, se pueden tomar medidas de mitigación para un uso sostenible del espacio. Para eso existen normas y directrices internacionales como diseñar naves que minimicen la cantidad de material que se desprende durante el lanzamiento; prevenir las colisiones en el espacio mediante una selección cuidada de las órbitas; y alejar las misiones concluidas de las órbitas que ocupan los satélites operativos.

Un estudio elaborado por la Royal Astronomical Society del Reino Unido en 2021 aseguró que los escombros espaciales no sólo entorpecen las operaciones de las misiones espaciales y de la Estación Espacial Internacional. Además, su reflejo está provocando una contaminación lumínica sin precedentes. “La cantidad de objetos que orbitan la Tierra podría elevar el brillo general del cielo nocturno en más de un 10% sobre los niveles de luz natural, en una gran parte del planeta -subraya-. Esto superaría el umbral que los astrónomos establecieron hace más de 40 años para considerar un lugar contaminado por la luz”.