En diciembre del año pasado, Naciones Unidas anunció que el lema del Día Internacional de la Mujer de 2022 (se conmemoró el martes) era “Igualdad de género hoy para un mañana sostenible”, con el objetivo de “reconocer la contribución de las mujeres y las niñas (...), que están liderando los esfuerzos de respuesta, mitigación y adaptación al cambio climático para construir un futuro más sostenible para todas las personas”.

En el anuncio, la ONU aseguró que “cada vez es más evidente que las mujeres son más vulnerables al impacto del cambio climático que los hombres, ya que constituyen la mayoría de la población pobre del mundo y son más dependientes de los recursos naturales”, resaltó la agencia Télam en su sitio de internet.

Esa doble situación que se profundiza -por un lado, son las más afectadas por la crisis climática y, por otro, las principales protagonistas de las resistencias socioambientales-, puede analizarse desde la tradición ecofeminista, que se remonta a la década del 70. Así, las luchas mundiales en este campo tienen rostro de mujer, pioneras en levantar las banderas de reclamo contra la contaminación y de poner el cuerpo en cada actividad que se realiza con ideas para la construcción de “relaciones y cuidados con otras personas y seres vivos” diferentes a las dominantes, aseguró la bióloga e investigadora de Conicet Gabriela Klier.

En su interpretación, “la separación entre razón y emoción es falsa, nuestras ideas y pensamientos no son sólo racionales sino que se atraviesan por modos de sentir, de afectar y de ser afectadas y afectados; de aquí la necesidad de otras educaciones emocionales, de conformar otras relaciones y cuidados con otras personas y seres vivos”.

“Desde una perspectiva tradicional, las mujeres fuimos las encargadas del cuidado y salud. Y no es azaroso que seamos también quienes veamos y denunciemos la contaminación o el deterioro ambiental. Por otro lado, hay una denuncia sobre los modos comunes de dominación y violencia sobre mujeres, pueblos indígenas y diferentes seres. De algún modo, el enemigo es común y no se trata de una persona o varias, sino que son racionalidades y regímenes de afectación”, interpretó en diálogo con Télam.

La tierra

“Los territorios son entramados de afectos y fuerzas que nada tienen que ver con el espacio intercambiable y desafectado que propone el capitalismo. Tanto en ambientalismos como feminismos la dimensión afectiva y emocional es central: no como algo propio de las mujeres, sino como una dimensión intrínseca del habitar y relacionarnos”, aseguró Klier.

Con estos ejes como disparadores, la investigadora en filosofía ambiental en la Universidad Nacional de Río Negro, docente y participante de proyectos que articulan arte, ciencia y filosofía, resaltó que “hay varios estudios que relacionan los problemas de género con diversos extractivismos, que suelen ser ámbitos donde la mayoría de las personas que trabajan son varones y territorios que se transforman y masculinizan con la impronta de los trabajadores que migran”.

“Se cambian las formas de relación con la tierra y se cercena los lazos vitales entre las personas y el lugar que habitan. En sitios principalmente rurales donde las mujeres tenían ciertas tareas de producción y cuidados, esto se modifica. Las consecuencias son diversas: menos trabajos y menos centrales para mujeres, aparición de redes de prostitución, y violencias múltiples. Se profundizan las desigualdades, pero no sólo de género sino también con otros factores vinculados a la edad, a la comunidad de pertenencia, clase, etcétera”, alertó.

La experta se refirió a “diferentes formas de sumisión y violencia: de bosques, mares o personas”. “Si bien no necesariamente hay posicionamientos explícitos ecofeministas, se entraman elementos comunes. Algunos refieren a los vínculos entre humanos y no humanos proponiendo una ética del cuidado, donde también se reivindica la importancia de las labores de cuidado en nuestras sociedades. Otros refieren a la resignificación de la tierra: entender los territorios como sitios para habitar colectivamente, con diferentes especies y seres y no espacios abstractos”, postuló.