Fue un sábado atípico en el microcentro: tanto a la mañana como a media tarde la venta de guardapolvos, uniformes escolares, mochilas y útiles generó un movimiento de lo más intenso. Hubo aglomeraciones frente a las vidrieras, colas y una búsqueda incesante de buenos precios antes de abrir la billetera, un clásico familiar en la previa de los ciclos lectivos.
En pleno ajetreo, Rafael Barrenechea -encargado del área de e-commerce de la librería Copitec- subrayó que las ventas se incrementaron con respecto a los últimos dos años por ser la primera temporada post pandemia. “Todo el mundo se fija en las ofertas y en las promociones con tarjetas -advirtió-. Se mantienen todavía los útiles con lo que está de moda, los personajes o la movida de colores pasteles”.
“Nos preparamos esta temporada con la mayor expectativa y se está cumpliendo”, advirtió, y añadió que es tal la demanda que tienen previsto abrir el 1 de marzo, un día antes del comienzo de las clases.
Previsores, muchos padres habían aprovechado que el centro estaba menos concurrido por las vacaciones y realizaron varias compras escolares en enero. Otros están decididos a reciclar zapatos, uniformes y delantales de los hijos mayores; también a juntar y acondicionar útiles y materiales de años anteriores para aliviar un poco el bolsillo.
Lo esencial
“Durante la pandemia compramos blocs de hojas para las carpetas, cuadernos y lapiceras que siempre se gastan. Ahora salimos a comprar nuevamente, aunque todavía no nos dieron el listado de los útiles en el colegio. Pero siempre se renuevan los forros de las carpetas, los rótulos, los plásticos. Y trato de que a la cartuchera la lleven siempre llena, que sirva por lo menos para el primer semestre”, puntualizó Ana Monte en plena peatonal, acompañada de su hija y camino a una tienda de útiles escolares. “Gracias a Dios el uniforme del año pasado le queda. Eso sí: le compré unas medias”, comentó.
A los niños que están en edad de crecimiento, los uniformes y guardapolvos que tenían antes de la pandemia no les entran más, así es que los locales de venta de estos artículos, junto a los de zapatos, fueron los más frecuentados. Mientras hacía fila, esperan para comprarles delantales a sus hijas, Giselle Glorioso apuntó: “lo dejamos para último momento, como siempre todos los años, y ahora nos está costando hacer filas en todas partes. Ya hicimos cola para los zapatos, pero no conseguimos las zapatillas, así que habrá que buscar por otro lado. Y espero que de los guardapolvos encontremos talles”.
“Me dijeron que estaba a $ 5.000 un delantal, muchísimo más caro que la última vez que compré, en 2020, cuando pagué $3.000 -contó Giselle. Me quedó el equipo de gimnasia de años anteriores. Por ejemplo, la chomba que usaba mi hija más grande queda para la menor”. También destacó que aunque los útiles escolares están muy caros, es cuestión de buscar precios y recorrer librerías.
Dos testimonios
Sofía estaba esperando entrar a un local de la calle Mendoza, con la idea de comprar una mochila para su hijo de tres años, que irá al jardín. Es su primera experiencia comprando materiales escolares y se sinceró: “es muy caro, todo caro. La mochila más chiquita vale, mínimo, $5.000. En el jardín me dieron un listado en una hoja oficio con todo lo que hay que comprar, como cartulina, hojas, un montón de cosas. En el uniforme nada más he gastado como $ 20.000”.
A la vuelta de allí, sobre la peatonal Muñecas, Ruth aguardaba, junto a su esposo y a sus hijos, entrar a un comercio para comprar las mochilas escolares. “Durante la pandemia no compramos tanto material. Bueno, en 2021 también estuvieron casi todo el año en casa. Los chicos iban a jardín de cinco, así que particularmente no usábamos tantos materiales. Ahora que pasan a la primaria sí. Usan más cuadernos, mochilas. Todo de cero y carísimo”, sostuvo Agregó que todo lo están encontrando muy caro y que por esa razón, comprarán los elementos más simples y prácticos, sin dibujos ni personajes de moda. “Lo mejor para los chicos”, resumió.
Ruth añadió que comenzaron a notar una modalidad de venta de uniformes usados, como paliativo para la situación económica. En el colegio de sus hijos se armó un “ropero comunitario”, donde los padres intercambian y venden uniformes, zapatillas, mochilas y otros elementos. “En los grupos de whatsapp de padres se hacen las ventas de uniformes, zapatillas usadas, lo que es indumentaria. Sólo de ropa. Lo que son útiles tenés que comprar de cero”, explicó.
(Producción periodística: Paula Cavanna)