Se inicia la Cuaresma, y el Papa nos deja algunas ideas.
- Siembra y cosecha: este es un tiempo favorable, pero también lo es toda nuestra existencia terrena, de la cual la Cuaresma es de alguna manera una imagen. Con frecuencia prevalecen en nuestra vida la avidez y la soberbia, el deseo de tener, de acumular y de consumir, como muestra la parábola del hombre necio, que consideraba que su vida era segura y feliz porque había acumulado una gran cosecha en sus graneros. Se nos invita a la conversión, a cambiar de mentalidad, para que la verdad y la belleza de nuestra vida radiquen en el dar antes que en el poseer.
- No nos cansemos de hacer el bien, no nos cansemos de orar: Necesitamos orar porque necesitamos a Dios. Pensar que nos bastamos a nosotros mismos es una ilusión peligrosa. Con la pandemia hemos palpado nuestra fragilidad personal y social; nadie se salva solo pero, sobre todo, nadie se salva sin Dios. Que la Cuaresma nos permita experimentar el consuelo de la fe en Dios. No nos cansemos de extirpar el mal de nuestra vida. Que el ayuno corporal que la Iglesia nos pide fortalezca cada espíritu para la lucha contra el pecado.
- Si no desfallecemos, a su tiempo cosecharemos: pidamos a Dios la paciente constancia del agricultor para no desistir en hacer el bien. Quien caiga, tienda la mano al Padre, que siempre nos vuelve a levantar. Quien se encuentre perdido, engañado por las seducciones del maligno, que no tarde en volver a Él, que “es rico en perdón”. Que la Virgen María, en cuyo seno brotó el Salvador, nos conceda el don de la paciencia y permanezca a nuestro lado con su presencia maternal, para que este tiempo de conversión dé frutos de salvación eterna.