La Municipalidad capitalina advierte con preocupación que las acciones destructivas contra la propiedad pública son tantas que “escapan a los ojos”. El robo de medidores y cables del alumbrado público, el vandalismo en contenedores de basura y paradas de colectivos, la destrucción de esculturas en parques y plazas, sumado a los grafitis en los bancos, son elementos que forman parte del escenario diario de Tucumán. En la Secretaría de Servicios Públicos afirman que es una situación con la que deben lidiar permanentemente, lo que requiere no sólo de una inversión de tiempo sino también de gasto económico.
Durante los últimos días, la Dirección de Alumbrado Público municipal informó que robaron cables y vandalizaron postes del alumbrado público en la zona norte de San Miguel de Tucumán, puntualmente en avenida Juan B. Justo, entre Sarmiento y Bolivia. Los delincuentes sustrajeron los cables del interior de 55 columnas y las autoridades estiman que los daños generaron perjuicios por unos $ 600.000.
Valeria Amaya, subsecretaria de Servicios Públicos, comentó a LA GACETA que los daños son tan variados y se producen con tanta frecuencia que resulta imposible estimar económicamente cuánto le cuestan al municipio. “Capaz que en un mes destruyen cosas muy valiosas y al siguiente cosas menores. El robo es diario, constantemente estamos trabajando en la reparación de estos daños. Además, ya excedió al espacio público, tenemos muchas denuncias de casas particulares en los barrios” detalló.
La funcionaria explicó que las zonas más afectadas por estas acciones vandálicas son el parque 9 de Julio y el parque Guillermina. “Hace poco tiempo hubo un robo importante en el Guillermina y lo pudimos restaurar. En cambio, en el 9 de Julio ya no nos dan tiempo. Nunca se lo puede tener encendido al cien por ciento porque no terminamos de arreglarlo y ese mismo día vuelven a robar”, enfatizó.
Amaya destacó también que uno de los lugares mejor controlados es el parque El Provincial, en la zona sur. “Lo que funcionó fueron las rejas que instalamos para contener y poner un límite a los robos y las roturas. Ese lugar cerrado dio buenos resultados, pero no se trata de enrejar la ciudad porque allí se robaron las rejas del lado de la calle 9 de Julio”, exclamó.
En la actualidad, el municipio se encuentra realizando tareas de restauración y reposición de jardinería en la plaza Independencia a causa de que los ciudadanos escriben los bancos recién pintados o las esculturas. También se roban plantines y artículos de los sistemas de riego.
En relación a esto, Amaya sostuvo que para prevenir estos actos es primordial concientizar. “La manera de reducir el vandalismo es ocupando los espacios públicos, que la comunidad se vaya apropiando. Por ejemplo, desde que se revalorizó El Rosedal asisten más vecinos, lo que hace que lo cuiden más. El vandalismo en ese lugar se ha reducido gracias al buen uso y a que toda la gente va, recorre y lo cuida”. Remarcó que si bien en el parque 9 de Julio hay patrullas del municipio que realizan un recorrido diario controlando, el robo se concreta en cuestión de segundos. “Es muy rápido y permanente, es algo que nos sobrepasa”, dijo.
Reflejo de la sociedad
La arquitecta Claudia Gómez López, directora del Centro de Estudios del Territorio y Hábitat Popular (Cetyap), de la Facultad de Arquitectura y Urbanismo, opinó que en el vandalismo se debe distinguir dos cuestiones: por un lado lo que tiene que ver con una forma de hacer dinero de manera deshonesta robando estos elementos, y por otro la destrucción de lo público y lo ajeno que está estrechamente relacionado con el deterioro social.
“Los referentes en el tema sostienen que la situación vandálica en las ciudades tiene que ver con no sentirla como propia, hacen referencia a una sensación hasta de rechazo, como si la ciudad no les perteneciera, no los contuviese y no fuera suya. Y como no es mía y además no puedo insertarme en ese mundo lo rechazo, lo destruyo, no lo hago propio. Esta situación se replica en todos los niveles de la sociedad”, describió.
En relación a esto, la profesional reflexionó sobre el poco cuidado que se evidencia en los espacios públicos de la capital y dijo: “el deterioro que se ve es el deterioro social, no se puede pensar en resolverlo espacialmente si el problema es otro. Eso es lo más grave. El deterioro de la ciudad es el deterioro de la sociedad”.
La arquitecta explicó además que este tipo de comportamientos está relacionado con el poco aprecio por lo público. “Tiene que ver con una cuestión de rechazo a la ciudad, con una situación de deterioro. Hay estudios que comprueban que cuando una zona determinada de la ciudad está deteriorada, la reacción de la gente es empeorar esa condición”, enfatizó.
¿Cómo prevenimos?
Para evitar estas situaciones, Gómez López sugiere que en cualquier operación urbanística se debe tratar de involucrar al ciudadano para que se sienta parte y que sea él mismo quien cuide el lugar. “Se trata de incluir a los ciudadanos en los planes, de intervenir mediante organizaciones sociales, que el Estado sepa lo que los vecinos requieren y necesitan, decidir en conjunto el lugar apropiado para concretar determinados proyectos. A la gente hay que escucharla y no imponerle cosas”, insistió la profesional.
Denuncias
La Municipalidad advirtió a los vecinos que pueden denunciar hechos de vandalismo referidos al funcionamiento del sistema lumínico de calles, avenidas y espacios públicos llamando a la Dirección de Alumbrado Público municipal, teléfono 420-4020.
Producción periodística: Graciela Di Vico