Ya nos consideremos unos románticos empedernidos o habitemos el Perito Moreno; creamos en una conspiración comercial mundial o abramos gustosos la billetera frente al marketing de los corazones rojos, San Valentín representa la fecha estrella para demostrar afecto.

La imagen de agasajar o ser homenajeado con una comida u obsequio resulta trillada, pero efectiva. El ambiente está bien y se nota la voluntad… Sin embargo, hay una voz interna que se antepone a cualquier sentimiento, cOmo una lamparita que nos trae claridad en momentos impensados. “Ahh, en realidad él/ella no me conoce para nada”.

Bajo el anclaje del Día de los Enamorados, este pensamiento puede notarse más con los regalos. Por ejemplo, al obtener algo genérico o que no condice con nuestra personalidad ni preferencias. Tampoco hay que dramatizar, pero la escena sirve para plantear un conflicto común en los consultorios: la diferencia entre cómo nos percibimos y la manera en que nos ve e interpreta nuestra pareja.

“Al hablar de vínculos afectivos es muchísima la gente que crea (consciente e inconscientemente) versiones distorsionadas de quienes los acompañan, al punto de sentirse desilusionados o extrañados cuando el otro no se amolda al papel que le impusimos”, comenta la terapeuta Andrea Durán Salazar.

En este sentido, la profesional afirma que la culpa corre por cuenta de nuestras expectativas.

“Todos cargamos con un montón de experiencias, mandatos y estereotipos que aprendimos y estos nos conducen a que le imprimamos a cada relación una dosis de idealizaciones. Hacerlo resulta casi natural, pero el problema surge cuando las proyecciones nos ciegan e impiden que veamos el resto de emociones y hechos que conforman la realidad de a dos”, explica.

A la larga, el resultado siempre implica que ambos experimenten frustración y ansiedad. “Por un lado (ya de entrada) la pareja tiene que cargar con una mochila de 'asignaciones' que jamás pidió e incluso exceden sus recursos o posibilidades. Y, por el otro, el autor de dichas expectativas jamás va a estar satisfecho; sin importar la buena voluntad o empeño del gesto”, agrega.

Entonces, ¿deberíamos renunciar a cualquier exigencia para ser felices el 14 de febrero (y días restantes)? En respuesta va un rotundo no.

“Hay una diferencia abismal entre las expectativas poco realistas y los estándares que tenemos en una relación. Los segundos implican que poseemos una autoestima sólida y no nos conformamos con cosas por debajo de un trato mínimo de respeto, cariño y comunicación”, destaca Durán Salazar.

Ha cambiado

En terapia, una de las quejas que más repiten los tucumanos es que sus parejas actúan distinto al rodearse de familiares, colegas y amigos o hubo una modificación de comportamiento a lo largo de los años (“cuando lo conocí no era así”).

“Encarar una relación implica destinar parte de nuestro tiempo y energía en conocer a un tercero. Supone un proceso y, a medida que el vínculo avanza, inevitablemente se desbloquean nuevas facetas”, detalla la sexóloga Maira Lencina.

En comparación a los jóvenes, la profesional enfatiza que a las parejas mayores de 35 les cuesta el doble digerir los cambios (por ejemplo, al optar por hobbies novedosos, ampliar el círculo social o encarar un acondicionamiento corporal).

“En general, las personas piensan en las transformaciones con temor (como si marcaran algo raro, un giro trascendental, la presencia de un amante, etcétera), pero estos son los que permiten que el vínculo dure a largo plazo a base de negociaciones constantes y contratos que se actualizan”, describe.

Durante la etapa de la conquista y el enamoramiento, solemos presentar nuestra “versión mejorada”; con una mayor predisposición a escuchar, complacer y reírnos. Sumado a un ánimo positivo y la anulación de quejas o enojos.

Una vez que la relación se afianza, su estabilidad nos conduce a abrirnos y compartir información personal extra. Acá nadie escapa a las incomodidades, desagrados o desacuerdos.

“Hay un lado B que solamente descubriremos cuando nuestra pareja transite por malos momentos o situaciones complicadas. Observar con detenimiento sus reacciones frente a los problemas laborales o familiares, cuando explote de estrés o deba procesar una pérdida ayuda a ampliar el panorama”, acota.

Quizás el trasfondo de la disconformidad, conflicto o “ruido” en su comportamiento no se trataba de un auténtico cambio sino que faltaba unir algunas piezas para completar el rompecabezas de su personalidad.

Experimento

Por su profundidad, hay temas que escapan a las charlas e intercambios de rutina. Por tal motivo, cada cierto periodo es recomendable hacer un service a la relación y recalibrar varias cuestiones que damos por sentado.

“Nuestras metas, pensamientos y perspectivas a futuro mutan a cada rato. De no tener conservaciones puntuales al respecto es probable que perdamos el registro de los pensamientos y preferencias de la pareja porque nos quedamos apenas con las impresiones o datos del pasado sin actualizar el chip”, reflexiona Durán Salazar.

Para solucionarlo (y perfecto para el Día de los Enamorados) la sexóloga propone un juego de FAQ. Basta con sentarnos (frente a frente) en un espacio acogedor y preguntarle en voz alta a nuestro/a compañero/a:

- ¿Qué momentos crees que disfrutamos más juntos?

- ¿Hay algo de nuestra relación que te disguste?

- ¿Cuáles considerás que son tus virtudes? ¿Cómo te describirías en tres palabras?

- ¿Qué cosas te gustan de mi? ¿Cómo me describirías en tres palabras?

- ¿Actualmente sos feliz?

- ¿Cómo te imaginás tu futuro?