La primera en ser descripta como “niñera electrónica” fue la televisión, cuando ni siquiera tenía disponible el comando a distancia. De su aparición, en Tucumán, se van a cumplir 56 años; en el mundo, mucho más.

Pero de la mano del inmenso avance de la tecnología, en especial de la Internet, esa “niñera” no sólo ha “diversificado” su oferta, sino también su formato: en nuestro siglo XXI las tabletas y los celulares, que nacieron como instrumentos de comunicación y/o herramientas de trabajo, se sumaron a la vida de los chicos. Y la cuestión empieza a preocupar a los especialistas

No porque su uso sea malo en sí mismo, pero lamentablemente -asegura Emma Sánchez, pedagoga, y terapista familiar y de pareja en www.familias.com-, suelen ser la herramienta más frecuentemente usada para calmar a los berrinches o lograr para que los adultos logren “un tiempo de paz”, cosa que -con las exigencias pandémicas de teletrabajo- se agudizó.

“Para ojos inexpertos, ver a un niño jugando con el celular de su mamá, o ver que se calma y deja de llorar cuando se lo dan, puede no significar nada; pero para psicólogos y expertos en desarrollo infantil, es una alerta que hay que atender”, destaca.

El berrinche

¿Por qué tanto “drama” por algo tan normal? Y más si no se trata sólo de la TV, si después de todo, tabletas y celulares ofrecen tantos juegos y actividades atractivas...

La respuesta de Gómez es contundente: “calmar a un niño con el celular le impide aprender a calmarse por sí mismo”.

¿Cómo enfrentar, entonces, los berrinches? ¿A qué se deben? ¿Son meros caprichos?

“Los berrinches son la manifestación de una necesidad que aparece en edades tempranas”, destaca la experta e indica que pueden deberse a causas diversas, y enumera: alguna necesidad física o emocional que el niño no sabe expresar; al cansancio, o alguna enfermedad -enumera-. También a las dificultades para manejar la s frustraciones y hasta a una necesidad de límites (“lucha de poderes”, la llama).

Pero en ningún caso -resalta- la solución pasa por ceder. “No discutas ni pelees; ni hagas tú el berrinche”, aconseja. Y eso implica escuchar, observar, dedicar tiempo.

“Los dispositivos calman al niño mientras los usan, pero en ningún momento le ayudan a aprender a auto dominarse”, resalta

Atención de los padres

Estos tiempos pueden llevarnos a olvidar que -sin importar los avances de las nuevas tecnologías- los seres humanos debemos seguir los procesos biológicos naturales necesarios para un sano desarrollo.

“Y parte de ese desarrollo natural y normal implica que los adultos (en general los padres) pasen tiempo con los chicos. Hablar, jugar, dormir, discutir, comer y todo lo que se trate de una relación normal, los niños lo necesitan”, advierte. Es lo que los especialistas llaman “tiempo de calidad”.

“Todos los niños -por no decir todos los seres humanos- requieren movimiento para mantenerse saludables; y los niños que están en desarrollo requieren especialmente jugar al aire libre, caminar, escalar; caerse y aprender a levantarse; explorar, descubrir y experimentar; y sentir todo tipo de texturas, sabores, olores”, explica. Una tableta o un celular jamás podrán dar estas experiencias de vida”, añade la experta y destaca que gracias a poder vivir esas experiencias aprenden, entre otros valores, a manejar la frustración y la tolerancia.

“La tolerancia se desarrolla como un músculo; y la frustración se supera conforme lo intentamos una y otra vez hasta lograrlo; nuestros niveles de paciencia se desarrollan enfrentando lo que nos desafía”, añade. No son cosas que aparecen en nuestra vida y ya; son virtudes que se logran y se desarrollan con tiempo, y al enfrentar retos y desafíos de la vida diaria. Un aparato tecnológico no es el mejor camino para lograrlo”, añade.

Riesgo de la inmediatez

La satisfacción y la gratificación instantáneas -agrega también- no ayudan a que se den los procesos madurativos necesarios. “En los últimos 15 o 20 años, la vida dio un giro tan rápido que nos tomó desprevenidos en muchos aspectos. Vivimos de forma muy rápida en todo sentido: comida rápida, servicios express y placer o gratificación rápida e inmediata”, resalta y aclara que eso nos pasa tanto a los adultos como a los niños.

“Buscamos reconocimiento inmediato, premios al instante y gratificaciones por ‘mover un dedo’. Así, paciencia, espera y esfuerzo prolongado para cumplir una meta, parecen ideas del pasado”, explica.

Y ello termina dando como resultado espíritus débiles y nula fuerza de voluntad; de ahí el surgimiento de la famosa ‘generación de cristal’”, advierte.