La subvariante BA.2 de Ómicron ya fue detectada en Argentina. El primer caso se notificó el 18 de enero pasado en un hombre de 62 años con covid-19 que reside en la ciudad de Buenos Aires.
La muestra de ese paciente fue analizada por el Instituto ANLIS/Malbrán, que lo reportó en la base GISAID, una iniciativa de ciencia global que proporciona acceso abierto a datos genómicos del virus como la influenza y el coronavirus. En esta base hay reportadas 380 secuencias de pacientes de Argentina, publicó Infobae.
BA.2 es uno de los sublinajes de Ómicron, y podría arrastrar la ola en gran parte del mundo, según los científicos, ya que muestra signos de propagación de mayor rapidez. Pero BA.2 no parece causar una enfermedad más grave que el sublinaje BA.1, que circula actualmente.
Consultado por Infobae, el investigador del Instituto Nacional de Tecnología Agropecuaria (INTA) y el Conicet, Humberto Debat, que forma parte del Proyecto País, la iniciativa de vigilancia genómica del coronavirus del Ministerio de Ciencia, Tecnología e Innovación, contó que "hay diferentes trabajos que están haciendo un seguimiento sobre Ómicron. El sublinaje BA.2 ya está detectado en más de 50 países, incluyendo la Argentina. En Dinamarca se encontró que ese sublinaje está presente en más del 85% de los casos. Es más transmisible que BA.1, que impulsó la expansión de Ómicron a nivel global".
"El sublinaje BA. 2 sí puede volver a aumentar los casos de covid-19 en los países donde circule", agregó el doctor Debat. Pero aclaró enseguida: "en base a otro trabajo en los Estados Unidos, se conoce que la protección de la vacunación contra el covid-19 es similar si una persona queda expuesta al sublinaje BA.1 o al BA.2".
A diferencia de la BA.1., el sublinaje BA.2 de Ómicron no tiene una mutación de la proteína Espiga que hace que las pruebas de PCR fallen. Sin la posibilidad de utilizar las pruebas de PCR para rastrear el BA.2, algunos científicos lo apodaron la versión “sigilosa” de Ómicron. Pero BA.2 no era invisible. Fueron siguiendo sus rastros al analizar las secuencias genéticas de las muestras de las pruebas positivas. Se usaron las pruebas de PCR para diferenciar entre BA.1 y BA.2. Las muestras que provocaron fallas en la proteína de la Espiga contenían BA.1, mientras que las que no lo hicieron contenían BA.2.