Políticamente, el acuerdo es una buena noticia para el Gobierno. Con todas las especulaciones que se tejieron en los últimos meses respecto de si el presidente Alberto Fernández dependía o estaba limitado, en lo discursivo, por la vicepresidenta Cristina Fernández de Kirchner. Con el resultado, ha quedado en claro que ella no come vidrio: fuerza, llega al borde, pero no se tira por el precipicio.

Hoy el acuerdo no implica un ajuste, independientemente de lo que venga después. Marca un punto de inflexión de que la fórmula presidencial del Frente de Todos compartía la idea de llegar al entendimiento con el FMI. Pero llegaron al límite. El Fondo hoy no te exige tanto. Básicamente, orienta sobre cuál es el objetivo a cumplir, y el cómo se llega ya es un problema del país deudor, en este caso la Argentina. Si el Frente de Todos tiene centrada sus expectativas de continuar en el Gobierno más allá de 2023, necesitaba este entendimiento con el organismo internacional. Otro camino era el descalabro.

En lo gestual y en lo discursivo, es natural que haya tensiones del kirchnerismo para jugar al límite. Hay que recordar que cuando Cristina era Presidenta, después de 2013 tuvo que arreglar la deuda con Repsol, con el Club de París y también con el Ciadi. Y hasta estuvo a un paso de cerrar con los fondos buitres.

Por el lado de la oposición, de Juntos por el Cambio, el acuerdo ha despertado reacciones de tono muy crítico hacia el Gobierno, pero también de apoyos hacia la cierre de las negociaciones con el FMI. Eso marca la diferencia entre halcones y palomas dentro de esa coalición. Ambos, sin embargo, esperan los detalles del entendimiento. Si JxC continuaba en el Gobierno también hubiera recorrido el mismo camino que la actual gestión, porque la Argentina no podía seguir más tiempo en esta situación. No parece que la tónica opositora deba centrarse exclusivamente en la crítica, porque fue Mauricio Macri el que firmó y recibió el crédito del FMI que hoy se renegocia. El gobernador de Jujuy, el radical Gerardo Morales, lo ha expuesto claramente: dialoguemos porque el acuerdo lo firmó Macri y luego discutamos el resto. Y si no se firmaba, es evidente que Juntos por el Cambio iba a tildar de irresponsable al actual Gobierno.

Está claro que el que agarre la próxima gestión, tendrá que cumplir las metas. En el camino, el oficialismo tendrá que soportar la puja distributiva y también al cristinismo que presionará por el tema tarifas. A la corta o a la larga, es allí donde aprieta el zapato. Vamos a seguir viviendo situaciones políticas muy complicadas en la Argentina. Alberto Fernández tendrá que tomar decisiones duras, pero no se sabe si tendrá la autonomía para hacerlo. Todos quieren los beneficios, pero nadie quiere pagar los costos políticos.