Los viajes intergeneracionales son una tendencia de viajes en alza, y eso tiene sentido. Unas vacaciones entre abuelos, hijos y nietos brindan a las familias extensas tiempo juntos sin las expectativas de las salidas con amistades. Los padres que vivieron con sus hijos 24/7 durante gran parte de los últimos dos años debido a los confinamientos obligatorios pueden anhelar la oportunidad de recuperar el aliento. Y los abuelos ansían estar por fin con sus familias, sin sentirse como si estuvieran dirigiendo una guardería.

Según una investigación que realizó la cadena hotelera Hilton a través de OnePoll, a partir de la pandemia siete de cada diez adultos de Reino Unido, el 72%, se han empezado a replantear “qué es realmente importante” y el tiempo compartido con la familia y amigos se ha revalorizado, ante la imposibilidad de verlos durante los confinamientos o por las restricciones. El 65% de los padres aseveró que sus hijos se habían perdido de ver a sus abuelos, tías, tíos y primos durante 2020 y 2021 y el 63% está dispuesto a recuperar este tiempo perdido.

Realizar un viaje que involucra a diferentes generaciones puede ser mucho más desafiante de lo esperado, lo que lleva a una gran cantidad de estrés innecesario para el organizador.

Si bien las vacaciones en familia son un momento de descanso y unión, también suelen ser una puerta abierta a los conflictos grupales y personales. Consultada por infobae al respecto, la psicoanalista Fiorella Litvinoff aseguró: “Incluir a los abuelos suele ser beneficioso para ayudar con los chicos, los padres pueden tener más independencia para sus experiencias de pareja o con otros amigos y se alivian momentos de sobrecarga en el cuidado de los hijos.

La convivencia cotidiana puede enfrentarnos con el hecho de que hay interacciones que no nos resultan placenteras, ya que en general todos tienden a resguardar su intimidad. Por eso, se requiere la máxima flexibilidad para que cada cual sienta que puede tomar sus decisiones y a veces ceder en favor del deseo de los otros.