Cuatro de cada 10 niños en Argentina sufre de exceso de peso. No se trata de una sensación, sino de una realidad; según datos de la OMS en 2019, el 13% de los menores de cinco años tiene sobrepeso u obesidad, y el porcentaje asciende al 41% en chicos de hasta 17 años. En todo esto, los padres tienen un rol primordial: son ellos los que pueden hacer algo para prevenir esta enfermedad o modificar los hábitos alimenticios de los peques.
Hay muchos factores que inciden en la obesidad. Más allá de la genética o de las complicaciones de alimentación, las costumbres y hábitos familiares aportan a este problema de malnutrición infantil. Se hace imprescindible entonces, preguntarse: ¿qué puedo hacer como papá? “La clave está en construir un espacio saludable en casa”, resume Mariela Córdoba, médica especialista en nutrición.
Según comenta la especialista, de un tiempo a esta parte se han agravado los problemas de salud en menores como consecuencia de la obesidad. Enfermedades que antes eran propias del adulto, empiezan a hacerse visibles en los más chicos. “Se ve mucho más hígado graso, diabetes tipo 2, que antes era exclusiva de los adultos, e hipertensión. También se ven muchas más enfermedades de metabolismo en los niños debido a las altas tasas de obesidad infantil”, indica. Con el aislamiento, todo empeoró. “Los chicos han comido más. Si antes tenías en la escuela el quiosco, tenías que ir a comprar... Ahora, con las clases virtuales, en casa había comida, y bueno, apagabas la cámara de la computadora y comías”, asegura.
Qué hacer y cómo ser
“El problema está en que es mucho más fácil decir que sí a decir que no y ponerte en un lugar que no te gusta estar frente a tu hijo -explica Córdoba-; los padres tienen un rol fundamental en la alimentación y tu relación con la comida depende de los que te toquen. Si te toca uno, por ejemplo, autoritario, es más probable que desarrolles obesidad o trastornos de la conducta alimentaria; si te toca uno autoritario y uno flexible, quizá no pase, pero el tema es cuando no hay limites. Tiene que haberlos, sin llegar al autoritarismo”
La respuesta es siempre dar el ejemplo. “Como hay límites para todo, también tiene que haber en cuanto a la comida. Por ahí los padres que tienen hijos con problemas de alimentación son más de dar todo sin pedir nada a cambio: sin pedir que hagan actividades en el hogar, sin pedir colaboración -indica-; hay que poner límites, pero también enseñar con el ejemplo”. Córdoba explica que todo se trata de tomar acción y acompañarlos en la alimentación “Hay chicos que no quiere comer verduras. Lo primero, en ese caso, es que los padres lo hagan -comenta-; hay que lograr que vayan con vos a la verdulería, que aprendan los nombres de las frutas y verduras, que las pesen, las embolsen y las lleven a casa para lavarlas, y que participen de la cocción”.
“Los padres tienen que enseñar con la palabra, con el ejemplo y acompañando”, coincide la psicóloga Cecilia Belén Benito. “Yo no te puedo decir que no comás mal si yo lo hago, si no tengo límites con la comida -reflexiona-; un padre no tiene sólo que exigir, sino acompañar, enseñar y evitar las críticas. Hay que medir el peso que tienen las palabras en los niños y no hay que remarcar si estás demasiado gordo o flaco. No hay que olvidar que hay una personalidad que se está formando y probablemente eso repercuta en la adolescencia”.
En esto también coincide Córdoba. “Lo de criticar los cuerpos es algo que muchos padres hacen y está mal. En general, hablar de cuerpos: ‘este está gordo’, ‘aquella está demasiado flaca’... Todas esas valoraciones sobre los cuerpos ajenos las escuchan los chicos. Hay que evitarlo, con el cuerpo ajeno y con el propio”.
Síntomas y observación
Benito considera que la prohibición debe estar -valga la redundancia- prohibida. “Y es muy importante prestar atención, porque hoy con la cantidad de medios que tenemos es mucha la exposición; hay muchos chicos sufriendo que buscan dietas peligrosas y los padres no se dan cuenta porque trabajan muchas horas. Quizá dan vueltas con el plato y no comen, o simulan que comen y no lo hacen, o tienen atracones”.
Hay muchas señales -dice la experta- que son síntomas de problemas más profundos y, la obesidad, puede ser uno. “Es importante observar la conducta del niño, si lo vemos que come compulsivamente o por gracia, esos son síntomas de que él no está pudiendo expresar lo que le está pasando. Básicamente, lo que no puedo elaborar o expresar, lo manejo a través de la comida. Y eso tiene que trabajarse y analizarse desde casa, otra vez, desde las creencias, lo cognitivo, lo ambiental, los hábitos y desde lo emocional -explica-; lo que pasa es que, con el acto de comer, se calma la ansiedad, y con los atracones pasa lo mismo. Ahí es dónde viene el aumento de peso”.
Recomendaciones generales
- Reducir el uso de las pantallas a dos horas por día como mucho.
- No ofrecer postres ricos en azúcar como “premio” por comer vegetales.
- No hacer “body checking”, porque el niño lo ve y aprende a desaprobar su propio cuerpo.
- No usar la comida como premio o castigo.
- Enseñar a no “picotear” y respetar los horarios de las comidas.
- Darle a tu hijo porciones; si quiere galletas, no le des el paquete completo.
- Comprar lo justo y necesario en casa. No tener comida de más.
- Proponer actividades deportivas familiares.
- No categorizar a los niños como “el gordito” o “la flaca”.
- Supervisar el uso de las plataformas digital de los niños y enseñarles qué productos son sanos y cuáles no.
- Pedir consejo. Ante cualquier duda, consulta con un nutricionista o un psicólogo.