Los tucumanos no somos el coronel Aureliano Buendía, que frente al pelotón de fusilamiento se acordó del día en que su padre lo llevó a conocer el hielo. Así comienza Gabriel García Márquez su “Cien años de soledad”. Quizás muchos han de añorar el hielo en estos días de cortes y de intenso calor, tal como relataba Carlos Páez de la Torre (h) en tres recordadas columnas: una del 23 de julio de 2013 (“Primer contacto con el prodigio”, sobre la maravilla que era el hielo); otra del 8 de noviembre de 2019 (“De un viajero, en 1888”, donde cuenta cómo a fines del siglo XIX traían el hielo, “partido a hachazos”, a lomo de mula, desde San Javier) y una del 29 de septiembre de 2014 (“La nieve paga impuesto”, en la que describe que el gobernador Ernesto Padilla contaba que se vendían en Tucumán, en el verano, rudimentarios helados hechos con nieve traída del cerro en mulas. “El hielo recién se conoció cuando Manuel B. Zavaleta instaló ‘El Gliptodonte’, la primera planta que lo fabricaba”).
Más acá en el tiempo, los memoriosos han de recordar cómo hace 50 años se hacían colas en las épocas de fiestas para comprar bloques de hielo en los escasos supermercados para refrescar las bebidas en Navidad y Año Nuevo. El hielo se fue derritiendo de la vida pública y quedó como producto secundario en estaciones de servicio para mantener frescos el queso, el jamón y las frutas en el auto, en algún viaje o en algún picnic.
Pero el calor siempre estuvo y en cada crisis energética, de las que ocurren cada tanto, se dieron explicaciones que ayudaron a –supuestamente- entender la gravedad del asunto y justificar la falta de previsión de los funcionarios, que siempre hallaron el origen de todo en circunstancias exculpatorias. En los tiempos de Alfonsín (cuando el verano 88-89 llegó con los cortes programados de luz) el secretario de Energía lo atribuyó a los años de desinversión. En los tiempos de Cristina, el hoy innombrable secretario de Obras Públicas Julio de Vido hablaba en 2013 de una ola de calor inédita desde 1970 en la región metropolitana y le pedía a la gente que confíe frente a la necesidad de cortes; y en la época de Macri, el ministro de Energía, Juan José Aranguren, justificó en 2016 el brutal tarifazo del 600% en “la herencia recibida”, y lo coronó con una máxima peronista: “la única verdad es la realidad”.
Pero esa verdad de la realidad es escurridiza para la mirada del hombre común y en cuestiones de energía aparece junto con el calor y la sequía. Hace exactamente dos meses empezó algo de esta realidad cuando, en un sorpresivo comunicado, el gerente general de la Sociedad Aguas del Tucumán, Augusto Guraiib, dijo que los problemas de baja presión de agua se debían a inconvenientes causados por el deficiente servicio que brinda la Empresa de Distribución de Energía de Tucumán (EDET) por falla de fase o baja tensión, que hacía que no se pudiera utilizar varios de los 400 pozos de agua. Agregó a eso la sequía y la falta de inversiones para la renovación de los troncales y las ramificaciones de la distribución del servicio, “algunas de las cuales datan desde 80 años”. “Hoy Lomas de Imbaud no está funcionando y en El Cadillal, estamos con grupo electrógeno, al 50%, en ambos casos porque no hay energía eléctrica”, dijo Guraiib. Comparó el calor de 2021 con el de 1960.
El gerente de operaciones de EDET, Daniel Nicoloff, afirmó que desde las áreas operativas de la SAT le manifestaron sorpresa por las expresiones vertidas en el comunicado. Analizó que la crisis de la sequía provoca que muchos pozos de aguas superficiales dejen de funcionar y que puede haber un efecto multiplicativo por fallas eléctricas habituales. “Creo que han querido plantear eso por un lado, y lo han configurado como un desinterés; como para que quede en la mente de las personas que el problema de la falta de agua es un problema eléctrico y no de falta de agua”. “Nos sentimos agraviados”, dijo Luis López el gerente general adjunto de EDET. Horacio Nadra, gerente general, dijo que hay 588 suministros de titularidad de la SAT en toda la provincia, de los cuales 413 son bombas o pozos de agua. “De esos 413, tenemos 84 reclamos en el mes de octubre. El tiempo de reposición promedio es de cinco horas, pero la gran mayoría es de menos de dos horas”. En la pelea de empresas apareció brevemente el defensor del pueblo, Eduardo Cobos, criticando a la SAT, y luego se quedó callado cuando intervino el gobernador interino Osvaldo Jaldo, que pidió a ambas empresas que trabajen en conjunto para resolver los problemas de agua y electricidad.
Pasaron poco más de dos semanas y una empresa contratista de la SAT hizo un pozo en Américo Vespucio y Buenos Aires y rompió un cable subterráneo de alta tensión que transporta 132.000 voltios. Los repuestos son importados y casi inconseguibles y sólo hay cinco o seis personas en el país que saben reparar eso. Primero se dijo que eso iba a obligar a cortes de energía durante dos meses. Pasaron dos semanas en silencio hasta que EDET, la semana pasada, anunció los cortes programados y el gobernador Jaldo, que primero había sido comprensivo, tronó con la advertencia de que “servicio que no se presta, servicio que no se cobra”.
Acá apareció de nuevo la realidad, que no se explica muy bien. Se dice que se trata de un problema de transporte de energía, que corresponde a Trasnoa, empresa que no tiene culpa en esta rotura. Tampoco EDET. ¿Es la contratista de la SAT? Aparentemente, habría sido un error, puesto que todos esos cables figuran en mapas de interferencia que deben consultar los operadores cada vez que deben hacer un agujero. No se conoce que se hayan producido multas o castigos por el error, que hace retroceder a los tucumanos a las viejas épocas del hielo. Los funcionarios ahora tratan de dar mejores noticias, en cuanto a que se va a intentar bajar el tiempo de reparación a menos días. En un comunicado de EDET se mencionó mañana domingo como fecha de esperanza, aunque la gravedad de la crisis hace suponer que se extendería el período de cortes.
Esta situación accidental abre las preguntas a los requerimientos del servicio. Se dice que la central de El Bracho produce energía de más para los tucumanos, pero no hay infraestructura para distribuirla entre los tucumanos. Harían falta autopistas-líneas de alta tensión, obras que han quedado pendientes, que dependen sólo de obras que podría hacer la provincia con fondos nacionales. La demanda en nuestro medio creció en 300 megavatios en 10 años. ¿Plantearon las empresas Trasnoa y EDET que se debe invertir? ¿O en algún momento aparecerá algún ministro tipo Aranguren pidiendo aumento de tarifas y anunciando que hay una herencia de desinversión?
Como sea, en medio del silencio de empresas y funcionarios, hay una apuesta a que la entrada de la sociedad en el corazón de las vacaciones aplaque el calor interior mientras las temperaturas del verano se mantendrán por encima de la media al menos en la primera quincena del año. Se dice que por arriba de la línea de 34 grados el sistema entra en zona de riesgo. Y vuelve la necesidad de recurrir a los viejos tiempos del hielo, como mostrando que los años pasan pero los problemas siempre pueden volver. Esa es la única verdad de la realidad.