El pasado y el presente se aunaron en dos tragedias producidas por conductores alcoholizados: la ampliación de la condena al automovilista que causó el accidente de la autopista en 2016 -en el que fallecieron tres personas y resultaron heridas otras dos- y la preventiva al chofer que atropelló a un cadete el jueves pasado en Lomas de Tafí, el cual falleció. Ambas historias nos obligan a reflexionar sobre la conducta al volante, así como sobre las tendencias que se observan en los controles que hacen las autoridades en este fin de año, preocupadas por el creciente consumo de alcohol entre los conductores.

Las autoridades han dado distintas apreciaciones al respecto. Mientras los funcionarios de Yerba Buena observan que en los últimos cinco años han ido bajando los secuestros de vehículos (de 40 por fin de semana a 16 en el último domingo), no obstante reconocer que por la flexibilización de la pandemia se volvieron a dar cifras altas, las autoridades de la provincia se inquietan por “el creciente consumo de alcohol entre los jóvenes” y por la alta incidencia de infracciones en “la ciudad jardín”, en cuya avenida Perón “siempre paramos conductores alcoholizados”, al decir del secretario de Transporte provincial.

También la edad de los infractores ha sido motivo de discrepancias entre las autoridades. Mientras el secretario de Transporte pone el acento en “la falta de responsabilidad de los chicos, que manejan alcoholizados o sin licencia” y plantea que “hay que llamar a los padres a reflexionar”, el funcionario de Yerba Buena opina distinto con respecto a los jóvenes que, dice “últimamente están poniendo un conductor designado al volante; esto muestra que las campañas están sirviendo”. En cambio, advierte que “la mayoría de los infractores acá tienen entre 35 y 45 años, se ponen violentos ante un control y peor cuando les tenemos que secuestrar el auto”.

Pese a las diferentes miradas sobre el problema, ambos funcionarios reconocen que el fenómeno está creciendo significativamente y por ello es que se están haciendo los operativos de control.

En realidad todas estas informaciones deberían ser señales de alarma ante lo que hace ya bastante tiempo se ha llamado la “epidemia” de los accidentes, toda vez que no se ha podido ponerle un freno drástico al problema. Unos aseguran que se trata de educación vial -sin que se llegue a implementar de manera contundente en el sistema educativo- y otros hablan de buscar la forma de lograr cambios culturales. Como sea, esto merecería una toma de conciencia de los funcionarios que implique una tarea más importante que la actual en que por lo menos están trabajando con relativa coordinación. Como bien dijo el secretario de Seguridad de Yerba Buena, “el consumo de alcohol al volante no es compatible con la seguridad vial. Si alguien quiere consumir alcohol, bien, que lo haga, pero que no se mueva en vehículo, o bien que al menos no sea el conductor. En segundo lugar, que la sociedad empiece a sancionar esto, que no lo vea como algo normal”.