“En febrero pasado me enteré de que estaba embarazada. A los dos meses le contamos a nuestra familia. El embarazo avanzaba siguiendo todos los controles rutinarios. A las 20 semanas, un sábado me hice la ecografía para conocer el sexo del bebé y no se dejó ver. El domingo empecé a sentir dolores en la cintura, cada vez más fuertes pero entendía que era mi cuerpo que se iba preparando. A la sentí sus patadas por primera vez, estaba emocionada pero sentía mucho dolor. A la madrugada fui al baño y sangraba, ahí supe que no era normal. Le conté a mi pareja, tuvimos mucho miedo y a la mañana fuimos a un centro de Salud. No podía caminar”, contó Camila, de Florencio Varela a LA GACETA. “Ingresamos al hospital de urgencia porque había una ´amenaza de aborto´. Llegamos llorando. Me revisaron, quienes me atendieron me acusaron de haber tomado algo para abortar. Entre llantos les decía que amaba a ese bebé y que lo deseaba mucho. Hasta que una enfermera me vio y me dijo: ‘este embarazo no era, no se dio’”, respira hondo Camila y reflexiona: “hoy en día volví al deporte que me sana pero el resto de mi vida voy a estar en duelo. En mi habitación está la foto de la ecografía y todavía su cuna vacía, sin Aimeé”.

Testimonios como este, historias de dolor sobre la vida trunca, se replican incontablemente en redes sociales. Profesionales de la psicología promueven fundaciones, charlas y sitios para contener a los padres que han pasado por estas situaciones.

El duelo tiene que ver con procesar la pérdida de una situación que cambió. Se puede hacer un duelo por una pareja que no está más juntas, por una enfermedad que descubrimos y por la muerte de un ser querido. “El duelo significa que hay que elaborar ese cambio e integrarlo a la vida. Vivir esa experiencia, asimilarla para que pase a formar parte de nuestro cotidianeidad”, explica la psicóloga y doula salteña Mariana Rodríguez Cabral, especialista en duelo gestacional.

“Muchos especialistas hablan de diversas instancias del duelo, que son momentos que se dan por lo general cuando se transita este cambio: el primer momento de shock, de no poder creerlo; enojarnos, hacernos preguntas; una profunda tristeza hasta que llega el cambio y acepto, elaboro e integro el duelo a mi vida, que no significa que no exista el dolor”, explica la especialista quien se presenta como mamá de María, Guadalupe y Carmela y de dos bebés que no nacieron.

“Estaba de 17 semanas y se le paró el corazón a la bebita. Mi ginecóloga me mandó a una clínica abortiva porque ella creyó que para mí sería menos traumatizante porque me sedaron y ya está. Para mí fue lo contrario. Lo pasé muy mal ya que estuve cuatro horas sola escuchando los gritos de otras mujeres. Ahora sé que los médicos te aconsejan que lo mejor es parir y ver a tu hijo para empezar hacer el duelo”, contó Anna Targarona, que fundó la Asociación Ania, una ONG que busca difundir y trabajar los temas relacionadas a los duelos perinatales. “Todo lo que rodeó su pérdida fue doloroso: asumir que nunca vendría a casa, la incomprensión de la ginecóloga, la cruel experiencia en la clínica abortista donde me derivaron… todo. He tardado meses en encontrar mi camino de sanación”, dijo.

¿Cómo acompañar ese proceso?

“La familia y amigos son muy importantes, la empatía juega un papel fundamental para comprender que mamá y papá están muy sensibles para recibir cualquier comentario a pesar de que estos se hagan con mucho cariño, hay que evitar decir frases como ‘estás muy joven’, ‘vas a tener más hijos’, ‘tienes otros hijos’, ‘pronto pasará’, porque estas frases invalidan la muerte y los sentimientos de los papás en ese momento, lo cual debe ser respetado. Lo que sí se puede hacer es saber que su compañía puede ayudar y hacerles saber que están ahí para lo que necesiten, un abrazo puede será suficiente cuando las palabras sobran, escuchar sin juzgar permitiendo que la persona se exprese o pueda llorar para sentir desahogo, respetar el tiempo de duelo, sin apresurarse”, indica la psicóloga Ana Laura Barajas Damián, máster en psicología clínica y psicoterapia.

“Es importante nombrar la experiencia, contar lo que sucede y darnos tiempo. A veces pareciera que quienes están alrededor necesitan que la situación pase rápido pero esto tiene que ver con que nuestra cultura niega profundamente la muerte. Por eso es importante que las mujeres digamos lo que está pasando y si tenemos duelos muy complicados o largos, está perfecto”, recalca Rodríguez Cabral.

“Cuando se pierde un bebito que es esperado con mucho amor, lo que queda es encontrar un camino para honrar su existencia y honrar nuestra vida, no tenemos otra opción que encontrar nuestra fortaleza para continuar con la vida que mamá y papá tienen, esto se logra a través del amor propio, el autoconocimiento y de herramientas que puedan facilitar el camino que se transita a través del duelo. Lo más difícil de sobrellevar es toparnos con nuestras limitaciones humanas y reconocer que ya no se puede hacer nada con respecto a la muerte de un hijo cuando lo que más se desea es salvarle la vida y que esté con nosotros. Otra situación difícil de sobrellevar es que las personas alrededor minimizan lo sucedido sobre todo en el ámbito hospitalario falta mucha empatía”, explica Barajas Damián. “Se aprende a vivir integrando la pérdida del bebé en la vida de mamá y papá, el amor no se termina con la muerte la trasciende. A pesar de no estar físicamente ocupan un lugar en la familia y en nuestra vida por siempre”.

Cómo sobrellevar el dolor

“Existe un ritual simbólico que se realiza con los bebés y que ayuda a sobrellevar la situación: ponerle un nombre al bebé, anotarlo en una piedra que me guste y escribirle una carta de todas las cosas que queremos decirle a ese bebé: pedirle perdón, decirlo lo mucho que lo amamos y extrañamos. El día que podamos hacerlo, podemos quemar la carta y enterrar la piedra, plantar una planta o algo que simbolice el paso por la tierra”, cuenta como idea Rodríguez Cabral sobre este entierro simbólico que pueden hacer aquellas personas que perdieron un embarazo, un bebé y no pueden sepultar sus restos.