De los tres títulos que embolsó River en el año, dos los consiguió en finales mano a mano en el “Madre de Ciudades”: la Supercopa vs Racing (5-0) y el Trofeo de Campeones vs Colón (4-0). Nueve goles a favor en dos partidos. Nueve, como el que luce Julián Álvarez en la espalda y que le queda más pintado a nadie en el fútbol argentino. Porque simpatías o antipatías al margen, qué duda cabe de que se trata del mejor centrodelantero de la actualidad por estas tierras. Y no se trata de una afirmación impulsada por la efervescencia de un título.

El partidazo que jugó contra Colón (dos goles y un jugadón que palo mediante le sirvió el tercero a Rollheiser) simplemente confirmó lo que viene mostrando hace rato. Desde ese golazo de media distancia que abrió el triunfo ante Boca, Julián entró en modo bestia y se erigió en una especie de Rey Midas capaz de convertir en gol casi todo lo que toca. De a dos, de a tres y hasta de a cuatro embocó en estos últimos tres meses, al punto de hacer olvidar rápidamente la partida de Santos Borré y de disimular sin problema la intermitencia de Matías Suárez a causa de las lesiones.

De hecho, fueron esas circunstancias las que le dieron a la “Araña” la continuidad que necesitaba. Con la continuidad, viene la confianza. Y con la confianza, llegan los goles. Con el doblete de ayer, Álvarez llegó a 36 tantos, desplazando al “Pity” Martínez como cuarto goleador de la era Gallardo. Nada menos. Con otros cuatro, sacará del podio a “Nacho” Scocco. Con siete, le robará el segundo puesto a Alario. Más duro lo tendrá para desbancar a Borré: necesita 20 goles más. Habrá que ver si el sediento mercado europeo le da tiempo para seguir escalando. A este ritmo, con un torneo más le alcanza. Ojalá ese olfato se mantenga intacto, o mejor aún, se refine hasta Qatar 2022.