SANTIAGO, Chile.- Las viejas y profundas divisiones que hace medio siglo derivaron en un golpe militar en Chile contra un gobierno democráticamente electo y marcaron el inicio de una de las dictaduras más inflexibles de América Latina, han resurgido ante las polarizadas elecciones de mañana.
La votación enfrenta al ultraderechista José Antonio Kast, quien ha hecho de la ley y el orden el pilar de su campaña, contra el izquierdista Gabriel Boric, un ex líder estudiantil que promete cambiar el modelo que ha impulsado el crecimiento económico, pero también ha provocado desigualdad. Las encuestas muestran que los dos candidatos están cabeza a cabeza antes de la segunda vuelta.
Kast, apologista del dictador Augusto Pinochet, ha elogiado el “legado económico” neoliberal del militar y ha atraído a votantes con propuestas tomadas del manual de líderes populistas de derecha como Jair Bolsonaro y el ex presidente Donald Trump, como la construcción de una zanja para frenar la inmigración ilegal.
La polarización ha resonado entre los chilenos mayores que vivieron los años de la truncada presidencia de Salvador Allende, derrocada por el golpe, y la sangrienta dictadura militar que siguió.
El jueves, cuando Kast prometió a miles de seguidores en una manifestación que lograría el orden que le quitaron las protestas de 2019, también trajo de vuelta el fantasma del pasado marxista del país. “Chile no es y ni será jamás un país marxista ni comunista, porque creemos en la libertad”, exclamó el ex diputado.
Fue un reto a Boric por su alianza con el Partido Comunista, dentro de una coalición más amplia de izquierda, aunque el mayor paralelo histórico no pasó desapercibido para los partidarios de Kast.
“Vengo de la generación del 73, yo viví la Unidad Popular, viví el tema con Salvador Allende y fue caótico. No teníamos qué comer, teníamos que hacer cola para todo”, dijo la pensionada de 67 años Aurora Oviedo, simpatizante de Kast.
Allende fue derrocado en 1973. Durante los 17 años de Pinochet en el poder, más de 3.000 personas murieron o desaparecieron y decenas de miles fueron torturadas. “Yo salí. Era joven, salía a la calle a llamar al Ejército”, dijo Oviedo, y subrayó que asistió al mitin de Kast porque no quiere que un “comunista” en la presidencia.
En un giro inesperado, que también puso en primer plano el legado de la dictadura, la viuda de Pinochet, Lucía Hiriart, murió el jueves a la edad de 99 años. Cientos de personas se agolparon en la Plaza de la Dignidad, bastión de las protestas de 2019 en Santiago, con banderas y coreando, o portando fotos de los desaparecidos por el régimen militar. Entre ellos se encontraba Manuel Valenzuela, que fue exiliado político, con un retrato de Allende en la mano.
Ambos candidatos se han corrido al centro, a medida que la carrera se ha vuelto más ajustada para ganar votos moderados. El Congreso, elegido en noviembre, está dividido a la mitad entre la izquierda y la derecha, y será un freno a cualquier reforma radical.
Para Mireya García, de 64 años, quien ha dedicado los últimos 45 a tratar de llevar ante la justicia a quienes hicieron desaparecer a su hermano, en 1977, los gestos de Kast hacia los violadores de los derechos humanos son indefendibles.
Un abogado que representa a miembros de las fuerzas armadas encarcelados por violaciones de derechos humanos, dijo que Kast trabaja para liberarlos. Kast se negó a referirse directamente a las acusaciones, pero dijo que “nadie merece morir en la cárcel”, según la radio BioBio.
Algunos chilenos se apresuran a señalar que no prevén un regreso a los días oscuros del golpe y que, a pesar de la estridencia política, las cosas no están tan mal como en 1973.
Berta Vilche, de 73 años, abogada jubilada y simpatizante de Boric, dijo que “cuando hablan ahora de polarización de nuestra sociedad, no saben de lo que están hablando. La polarización que existe hoy día no es ni pariente de la existía en esa época. Con el golpe fueron momentos muy, muy terribles”. (Reuters)