George Orwell (1903-1950), seudónimo de Eric Arthur Blair, no vivió para ver el éxito que alcanzó su libro “1984”, ni fue él testigo de cómo ese año obsesionó a toda una generación: falleció de tuberculosis en 1950 en un hospital de Londres, a los 46 años. Y fue sencillamente genial, y tal vez ¿Premonitorio? “1984”: Best seller en su época, lo publicó en 1949 en la posguerra, es una novela distópica en la que presenta un cuadro de una sociedad dictatorial de un mundo futuro. Icónica obra del siglo XX en la que se denuncian prácticas establecidas por gobiernos como el de Franco o Stalin, prácticas que han sido adoptadas por muchos dictadores a lo largo de la historia. Se muestra en ella todo el control que puede llegar a tener el Estado sobre los individuos que integran la sociedad. Un Gran Hermano que es un agente controlador y regulador de las actuaciones de las personas, bajo los principios de dominación y paz. Un sistema controlador de la mismísima historia, que hasta podría ser “fuente de críticas” que afecte la estabilidad del gobierno. Y finalmente manipulación del ciudadano mediante la policía del pensamiento hasta con fabricación de un enemigo del pueblo, sindicado por el Estado como responsable de los males, al cual dedicarle minutos de odio. El mismo George Orwell en una carta a un sindicalista norteamericano aclara que: “No creo que el género de sociedad que describo vaya a suceder realmente porque esto es una sátira, pero lo que sí creo es que puede ocurrir algo parecido”. Él imagina, en la novela, un mundo de vigilancia asfixiante sobre la población con pérdidas de muchas libertades. Pues bien, nada justifica esa violación sistemática de las libertades civiles. El Estado se adueña paulatinamente de todas clases de funciones que pertenecen a la sociedad y en la medida que se ocupa más de las cosas de las que no debería ocuparse, peor hace lo que debería corresponder a su verdadera responsabilidad. ¿Qué quiero significar con esto? En nuestro país, el Estado no te permite comprar más de 200 dólares por mes, te direcciona tus viajes y no te autoriza pagar en cuotas viajes al exterior, encorseta la economía con precios máximos arbitrarios, restringe la libre circulación de las personas con un pase sanitario, partidarios encaramados en el poder no dejan de señalar al enemigo del pueblo: “Ah, pero Ma…”. Cuando en realidad el gobierno y el Estado eluden encarar con seriedad el tema carcelario vetusto, la inseguridad manifiesta en todo el país, la violencia criminal de Santa Fe, el narcotráfico y la frontera apolillada de nuestro país, el buen mantenimiento y equipamiento de los hospitales, etc. etc. Materias todas indelegables e importantes del Estado donde sí tiene que estar presente y no ocupándose de pequeñas cosas que atañen a la libertad de las personas. O generando trámites interminables, burocráticos y estatales haciendo llenar papeles que nunca nadie leerá, para tantas reparticiones que sólo aumentó el poder del Estado en detrimento de las libertades individuales: Juan B. Alberdi en una magnífica conferencia señaló: “La omnipotencia del Estado es la negación de la libertad individual”.

Juan L. Marcotullio


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Yerba Buena