En forma extraordinaria, este año unos 29.000 chicos de seis años cursaron el primer grado sin haber pisado una salita de cinco del jardín de infantes. La virtualidad fue el signo de la educación 2020, para quienes pudieron sostenerla durante todo el año. Los niños, además de un dispositivo y conectividad, necesitaron de dos adultos en forma simultánea que los guiara, uno adentro y otro afuera de la pantalla.
El año pasado, Ignacio, que ahora tiene seis, hubiera necesitado tres madres, una para cada uno de sus hermanos que también necesitaban ayuda con la tecnología; pero solo tenía una, que además trabajaba. Su mamá le terminaba haciendo las tareas para “cumplir” con el nivel, e Ignacio casi que ni se dio cuenta de que había cursado la sala de cinco año en forma virtual. “En la práctica, mi hijo pasó de la sala de cuatro años al primer grado. No sabía nada”, reconoce Florencia Paz.
En marzo de este año su mamá llegó hasta la puerta del colegio y le soltó la mano. Ignacio entró “en burbuja”, acompañado por una señorita con la cara cubierta con barbijo y máscara. Sus compañeros lo miraban desde lejos por el distanciamiento social.
“Ignacio no es de llorar, pero estábamos llegando al colegio y me decía: ‘mamá, creo que me está bajando la presión”, cuenta Florencia. Iba a clase presencial dos días a la semana y, a la siguiente, tres, en forma alternada. Su burbuja se turnaba con la otra mitad del grado, hasta octubre. Los días que se quedaba en casa tenía clase virtual. Esa era otra historia: “a cada rato se le caía la conexión. Los chicos hablaban todos juntos y no se escuchaba lo que decía el maestro”, recuerda Florencia. Ignacio terminó con pedagoga y apoyo escolar.
Del lado de las maestras
Las docentes también asumían el desafío de afrontar la alfabetización en un contexto inédito para el país. Sólo contaban con su experiencia en un 2020 virtual. El trabajo en equipos pedagógicos allanó el camino. El intercambio de experiencias y conocimientos adquiridos fue clave para transitar a tientas el período más esencial de la formación escolar.
Aferrada a las manos de otras dos maestras de primer grado, María Eugenia Vallejo, docente la escuela municipal Petrona de Adami, cuenta que su recorrido 2021 comenzó en virtualidad, siguió en sistema dual y en burbujas y está finalizando en presencialidad. Para cada modalidad de enseñanza tuvo que seleccionar herramientas pedagógicas diferentes y agudizar al máximo su creatividad.
“¿Cómo alfabetizar a niños que no habían hecho el jardín presencial, teniendo en cuenta que muchos de ellos no tenían las competencias necesarias para un primer grado? Ese era nuestro gran desafío. Lo primero que hicimos fue establecer un vínculo entre el niño y la escuela, apoyándonos en el pilar primordial que es la familia. Los padres fueron el nexo entre nosotras y los niños, con ellos acordamos criterios y pautas de trabajo para poder adquirir hábitos”, cuenta la docente.
El segundo paso fue repensar prácticas para llegar hasta el niño a través de la pantalla: “usamos distintas plataformas y las estrategias principales fueron los juegos digitales, las canciones y las adivinanzas. Todo eso nos sirvió para captar la atención y despertar el interés del alumno por aprender. También creamos videos tutoriales con los contenidos, donde el alumno pudiera ver y escuchar nuestra voz. Así transcurrió la primera parte del año, trabajando en conjunto con la familia. Sin su apoyo nos hubiera sido imposible enseñar”, reconoce agradecida.
“La segunda mitad del año ya nos encontramos en la presencialidad, y pudimos observar los frutos del trabajo compartido. Los niños llegaron a esta instancia con hábitos y con los conocimientos básicos. Al ver que esta modalidad daba resultado continuamos utilizando las mismas estrategias y herramientas adaptándolas a las clases áulicas. Hoy la mayoría de los chicos está alfabetizado”, dice con alivio.
En el interior
Cada escuela fue un laboratorio pedagógico. A Jeanette Isa, que trabaja en plurigrado con niños desde primer hasta tercer grado, de la escuela de Los Pereyra, en el interior tucumano, le tocó adaptar a un niño que no hizo nivel inicial. “Fue bastante complicado poder insertarlo en la educación primaria. No tenía buen manejo de la motricidad fina, no conocía los números ni las letras y copiaba en espejo. Hubo que empezar desde cero con él, aprender a hacer trazos con el lápiz, a cortar con tijerita... Hicimos adaptaciones curriculares, interrelacionando contenidos de nivel inicial con los de primer grado. Diseñamos cuadernillos con un 50% de cada nivel en cada página para que practique en la casa, y así fuimos ablandando la motricidad fina”, relata.
“En cuanto a la integración social no hubo mayores problemas porque al ser un pueblo chico todos se conocen. Este niño logró adquirir el 70% de los contenidos de primer grado”, evalúa.
Falta de recursos
“El paso del jardín de cinco al primer grado de primaria fue bastante dificultoso, sobre todo, en sectores socio económicos en donde no había disponibilidad o fácil acceso a dispositivos electrónicos para tener clases”, reconoce la directora de Educación Municipal de Yerba Buena, Victoria Desjardins.
“Al problema de la lecto escritura o comprensión de texto no se lo percibió solamente en ese paso bisagra del Nivel Inicial al Primario, sino dentro del trayecto primario en general también”, aclara. Nuestra experiencia particular con las clases de Apoyo Escolar que brindamos desde la Municipalidad de Yerba Buena desde septiembre en adelante, sumado a las escuelas de verano e invierno que formaron parte de nuestra oferta y opción para poder hacer frente a lo acaecido en 2020 nos mostraron que, en septiembre, había chicos de avanzada edad (ocho, nueve, diez años) que no sabían leer ni comprender las consignas que se planteaban”, alerta.
Como en el resto de las escuelas se tuvieron que hacer numerosas adaptaciones curriculares para repasar contenidos que deberían haberse aprendido y aprehendido en jardín de cinco y que la virtualidad no logró superar.
“Resultó difícil dar clases virtuales y enseñar a leer y escribir a través de una pantalla de computadora o celular. Pese a la modernidad de técnicas y estrategias de enseñanza aprendizaje sabemos que el inicio de escritura y lectura deben, necesariamente, desarrollarse de manera presencial, sistemática y sostenida”, reafirma.
En Tucumán la presencialidad se retomó al regreso de las vacaciones de julio, pero más del 25% de la matrícula- según se reconoció oficialmente - continuó en burbujas durante varios meses, por falta de espacio en las aulas para cumplir con el protocolo sanitario o por problemas edilicios, como falta de agua o de baños en buenas condiciones.
Entre octubre y noviembre volvieron en forma simultánea casi todos los chicos. Entre ellos, Ignacio, que una tarde llegó muy contento del colegio: “mamá tengo compañeros”, anunció. Era la burbuja B que se había sumado al aula y él no lo sabía. Ahí si que pegó el envión. Hizo varios amigos y, frente a la emoción contenida de su madre y la maestra, mostró el milagro de sus primeras lecturas de corrido y un cuaderno escrito con letra grande y redonda.
El miércoles, fecha en que terminan las clases en Tucumán, será muy distinto a ese primer día, inimaginable y atroz. El día en que Ignacio entró solo a una escuela con olor a hospital. Ya no sentirá que se le baja la presión, y hasta puede ser que, en un descuido, la señorita se deje abrazar.