Éxito a medias o fracaso total, un comiezo de diálogo o sólo un “lavado de cara”. Las sensaciones que dejó el encuentro en Glasgow sobre el cambio climático son dispares y dependen del marco de referencia de quien lo diga. Sí está claro que el acuerdo final de la 26ta Conferencia de las Partes de Naciones Unidas (COP26) no conformó a nadie.

El desencanto entre las organizaciones ambientalistas que participaron de la conferencia, y de las que estuvieron afuera del recinto, protestando, marcando agenda, reclamando mayores compromisos, fue palpable.

Lo resumió la activista Greta Thunberg, impulsora de un movimiento de jóvenes que reclaman a los líderes mundiales que tomen decisiones drásticas para frenar de plano el calentamiento global. “El verdadero trabajo continúa fuera de esas salas. Y nunca, nunca nos rendiremos”, dijo en Twitter la adolescente, figura emblemática del movimiento Fridays for Future.

La tucumana Nina Sosnitsky, que representó a los Jóvenes por el Clima de Argentina en la movilización que se realizó en Glasgow el 5 de noviembre, participa de ese desencanto.

Ya en camino de regreso, luego de haber estado dos semanas escuchando, debatiendo con activistas de diversas organizaciones y de varios países, le contó a LA GACETA acerca de ese desencanto, pero también de la esperanza.

“Después de haber estado en la COP, me queda una sensación de contraste. Por un lado, de mucha desesperanza porque los mandatarios que vinieron de todas partes del mundo no tomaron resoluciones (acordes) con el nivel de la crisis ni con la perspectiva de inmediatez necesaria”, lamentó.

En cambio, dijo, priorizaron los intereses de una minoría, a costa de una mayoría: “En los espacios en disputa, para los gobernantes pesaron más los intereses económicos y empresariales. En la COP26, en vez de priorizar a sus pueblos (que vienen sufriendo la falta de agua, la sequía), pusieron por delante los intereses del mercado”.

La contracara de esta falta de compromiso la encarnaron los jóvenes, según la mirada de la activista tucumana. “La posibilidad de haberme reunido con jóvenes de todo el mundo me da esperanza. Muestra que los jóvenes no tenemos miedo y que estamos dispuestos a luchar por la justicia social y climática”, señaló.

La COP26, cuya finalización estaba prevista para el viernes, terminó dos días después porque no había acuerdo entre los países que participaban y los intereses que representaban.

“Es un paso importante, pero no es suficiente”, lamentó el Secretario General de la ONU, Antonio Guterres.

El acuerdo final fue decepcionante para quienes defienden un mundo libre de emisiones de carbono: a último momento se cambió la mención a la “eliminación gradual” de la energía procedente del carbón y se la sustituyó por la de “reducción gradual”.

Claro que los productores de carbón -el combustible fósil más contaminante- y los países consumidores de petróleo, gas y carbón celebraron el cambio de redacción. Fue un éxito de su defensa del uso de recursos naturales cuya demanda sigue siendo alta frente a una oferta escasa.

“Si queremos pasar con éxito al sistema energético del mañana, no podemos simplemente desenchufarnos del sistema energético de hoy”, dijo Sultan al-Jaber, director general de la compañía petrolera estatal de Abu Dhabi. El sector de los hidrocarburos necesitará invertir más de 600.000 millones de dólares al año hasta 2030 para satisfacer la demanda prevista, dijo.

Otro cambio de redacción se introdujo en una cláusula que pide el fin de las subvenciones a los combustibles fósiles, a la que se le agregó el término “ineficientes”, sin aclarar cuáles serían y dejando abierta la puerta a que haya subvenciones que sí son “eficientes”.

Las enmiendas, introducidas a propuesta de la India, suavizaron el texto de tal manera que ni el presidente de la COP26, Alok Sharma, pudo a conciencia defenderlo. Aunque dijo que se había podido “mantener vivo el objetivo” de limitar a 1,5°C el aumento de las temperaturas globales, rompió en llanto al hablar del cambio de última hora en referencia al fin del carbón. “Es una victoria frágil. Hemos mantenido vivo el 1,5. Era nuestro objetivo principal cuando emprendimos este viaje hace dos años, asumiendo el papel de la presidencia designada de la COP”, dijo Sharma. “Pero todavía el pulso de, 1,5 es débil”.

Para algunos países, la diferencia entre reducir y eliminar las energía contaminantes es mucho más que un debate de lenguaje. “Nos decepcionó”, dijo Simon Kofe, canciller de Tuvalu. (Reuters)