Gabriel vivió una infancia de privaciones y desamor, por eso se dijo a sí misma: “cuando yo tenga un hijo voy a hacer por él todo lo que mis padres no hicieron por mí”. Pero algo no funcionó como esperaba. ¿En qué se equivocó? Veinte años después se lo escucha decir: “si yo, a su edad, hubiera recibido todas las oportunidades que tiene él, hoy yo sería Messi”. ¿Cómo se hace para elevar la motivación y la energía en los hijos? 

Beatriz Polti, psicóloga y máster en Sociología, explica que la autoestima de una persona se basa en los éxitos y en la confianza que cada uno va cultivando de acuerdo a su capacidad de resolver los problemas que se le presentan a lo largo de la vida. Cuando uno es pequeño los primeros logros pueden ser aprender a caminar, controlar esfínteres o hacer solos las tareas de la escuela. Es decir, “todos implican un camino hacia su vida autónoma que se puede transitar según sus padres sean facilitadores o no”.

Pero con frecuencia “el comportamiento de los padres oscila entre dos extremos: la sobreprotección y la sobre exigencia, entre los que encontramos muchas variantes intermedias. Hacer las cosas por los hijos, lo que ellos ya están en condiciones de lograr por sus propios medios inhibe su desarrollo y autoconfianza. El otro extremo: exigirles más de lo que pueden hacer también es perjudicial”, advierte la especialista.

Polti reconoce que es un rol difícil. “Nadie enseña cómo ser padre, se aprende sobre la marcha. Influyen sí las marcas de la propia crianza, generalmente signada por ‘haré por ellos lo que mis padres no hicieron por mí’ y eso muchas veces uno lo trabaja en consultorio con los progenitores. Son reivindicaciones inconscientes la mayoría de las veces, condicionan mucho una buena o mala crianza y, por supuesto, la autoestima”, aclara.

Padres frustrados exigen más a sus hijos

Según la larga y vasta trayectoria de Polti, presidenta de la fundación Gandhi, “los padres que se sienten muy frustrados con sus vidas suelen ser híper exigentes con sus hijos.  Aspiran a que los hijos triunfen. Como decía Freud: “’si es varón, será un gran hombre, según las aspiraciones de su padre, y, si es una niña, debe casarse con un príncipe para tardía compensación de su madre”.

Polti no cree que estos deseos sean negativos por sí, todo lo contrario. El problema es que a veces marcan estándares tan altos que “muchos niños se sienten abrumados”, dice. “La sobreprotección sería la contracara, se relaciona con cierta subestimación con respecto a las capacidades del niño o niña. Él será siempre el bebé de la mamá, compartirá el lecho hasta grande (después de los 40 días de vida) y sus padres harán todo por él impidiéndole que se atreva a ser independiente y autónomo. En el lenguaje popular se habla del Edipo, el apego materno resulta exagerado, el niño queda ‘capturado’ por esos padres y la inseguridad y baja autoestima son sus consecuencias”, advierte.

Mensajes contradictorios

Otro factor que atenta contra la autoestima ocurre cuando el niño recibe mensajes contradictorios porque los padres no se ponen de acuerdo. O es el mismo padre o madre que da este tipo de mensajes, a veces porque padece de cierta inestabilidad emocional. “La confusión siembra en niño  inseguridad y, por ende, baja autoestima”, remarca.

¿Qué hacer?

Los mensajes positivos, inculcan a los chicos que ellos pueden hacer cosas solos, alentarlos a dar los pasos de una vida independiente, siempre según su nivel de edad y maduración, son importantes para la autoconfianza.  Esto en líneas generales porque cada caso es único, no hay recetas, sólo una sana reflexión sobre la forma en que los padres encaran la crianza de los hijos. A veces la consulta al psicólogo puede ser una buena herramienta, recomienda la experta.

Claves para mejorar la autoestima en los niños

Carolina Varela de Dilascio, neuropsicopedagoga, especialista en nivel inicial, nos acerca cinco claves para mejorar la autoestima de los niños desde que son pequeños. ·Si bien los niños no son conscientes de esta valoración de ellos mismos, es justo en su infancia desde el seno de su madre, cuando se inicia el proceso de construcción continua de su autoestima”, advierte. 

1- Educamos sin dañar la autoestima cuando les ofrecemos amor incondicional”.  Esto significa que hay que demostrarles a los chicos que los queremos independientemente de su conducta. “Nuestro amor incondicional les permite mantener su eje, mirar dentro de ellos mismos para saber qué es lo que quieren o necesitan o los que les hace bien. Los límites puestos con amor incondicional, favorecen en los hijos el desarrollo de la autoestima, el pensamiento crítico y la toma de decisiones”, afirma Carolina Varela de Dilascio.

Los chicos notan nuestro amor incondicional cuando nos acercamos a ellos en momentos en que “no” lo piden, cuando estamos disponibles, cuando recordamos separar su conducta de su persona y cuando no lo juzgamos. Podemos mostrarles de diferentes maneras lo importante que son  para nosotros.

2- Cuando aceptamos lo que sienten, piensan, desean e imaginan”. Aceptar el mundo interior de nuestros hijos, colaborar con su proceso de autoconocimiento y aceptación es muy importante según la experta. Aunque reconoce que “una de las dificultades que tenemos los padres es que suponemos que comprender significa estar de acuerdo. Y no es asi. Podemos comprender muchos deseos, sentimientos, palabras y, de todos modos, regular la conducta del niño”, aclara.

3- Cuando podemos escucharlos, comprender y delimitarlos. Padres e hijos, sin escucharse dicen cada vez más fuerte lo que quieren, en un intento vano de que el otro lo haga. El enojo asciende y  la autoestima baja. ¿Por qué? En el adulto la autoestima baja y el enojo sube porque no se siente escuchado y se exaspera, porque se da cuenta de que no puede lograr que el hijo le obedezca. Por su lado, y  hijo, hace lo mismo porque tampoco se siente escuchado, comprendido y muchas veces se ve acusado por el discurso del adulto. “En este esquema los hijos no escuchan a los padres pero estos tampoco escuchan a sus hijos”, explica.

Si en cambio, los adultos pudiéramos comprender, escuchar y ponernos en el lugar de nuestro hijo y limitar su conducta, sin levantar el tono de voz ni enojarnos, estaríamos enseñándoles a los niños a hacer lo mismo. Esto ayuda a elevar la autoestima de los niños “porque confirman que todo se puede sentir, pensar, pedir, imaginar y que papá y mamá deciden qué es lo que se puede o no hacer hasta ser mayor”, dice Varela de Dilascio.

4- Cuando ponemos pautas claras de convivencia, de orden, de hábitos saludables. Las reglas no cambian según el día, o la circunstancia, tienen que ser estables, seguras y reflejar el proyecto de crianza que tiene la familia para con sus hijos.

5- Los padres deben ser conscientes de que son modelo de conducta y  autoestima alta para sus hijos. “Los papás tienen que ser modelo de conducta para los chicos, porque ellos hacen lo que ven.  Se educa con el ejemplo, con el amor. Los chicos se identifican con el trato que reciben, en este sentido nuestra comunicación, comportamiento y creencias, influyen en las opiniones que va configurando a nuestro hijo, acerca de sí mismo y del mundo que lo rodea”, afirma la especialista.