La incursión del último fin de semana de Juan Manzur no fue una más por el territorio que lo eligió como gobernador en 2015. El jefe de Gabinete de la Nación ha dejado mensajes de que es poco probable que emprenda el regreso a Tucumán en el corto plazo. Su destino es Buenos Aires, como lo había previsto hace tres años, cuando su nombre comenzó a sonar como una de las posibles patas del peronismo para enfrentar a Mauricio Macri en las generales de 2019.

Durante su primer mandato, Manzur ha dejado en claro que su proyección era nacional, que las cuestiones domésticas debían ser atendidas por su compañero de fórmula, Osvaldo Jaldo, y que, tarde o temprano recalaría en la Casa Rosada. Allí se instaló el 20 de septiembre pasado. Desde entonces, el sanitarista teje sus propias redes de contención política. En ausencia del presidente Alberto Fernández (tras su paso por tierras europeas), el jefe de Gabinete se sentó con dos estrategas del terreno donde se disputará la “madre de todas las batallas”, el próximo 14 de noviembre: Buenos Aires. Con Martín Insaurralde, su par en esa provincia, buscaron el lunes la mejor manera de contener a los intendentes, principales aliados en la contienda. Manzur tiene confianza en revertir el resultado de las PASO. Por eso ayer se reunió también con Máximo Kirchner, jefe del bloque del Frente de Todos en Diputados y la otra lanza política bonaerense. Máximo siempre ha tenido el teléfono abierto con Manzur, incluso durante el ostracismo que el tucumano debió someterse por haber dicho que la madre de aquel, Cristina Fernández de Kirchner, había cumplido su ciclo en la política. El PJ siempre se las arregla para encontrar aliados en aquellos que antes asomaban como contrincantes. Es probable que la Vicepresidenta no participe en el último tramo de la campaña electoral y esa haya sido una de las razones por la que su hijo visitó la Rosada. No sería la primera vez que Cristina mire un proceso electoral desde la ventana del poder.

A Manzur le cuesta reconstruir una imagen política y penetrar en la consideración general del electorado. Un reciente informe de la Universidad de San Andrés lo ha medido y no le ha ido del todo bien, pese que ocho de cada 10 sondeados ha contestado que lo conoce. Entre los funcionarios y ministros, los tres con mayor imagen positiva entre los encuestados son el ministro de Seguridad de Buenos Aires, Sergio Berni (26%), la ministra de Salud de la Nación, Carla Vizzotti (24%) y el ministro de Economía de la Nación, Martín Guzmán (20%), según el diagnóstico académico dirigido por el doctor en Ciencia Política Diego Reynoso. Cabe destacar que, en todos los casos, los funcionarios y ministros presentan un diferencial negativo, incluso aquellos que encabezan la lista. Asimismo, los funcionarios con el mayor diferencial negativo son el ministro de Seguridad, Aníbal Fernández (-58), Manzur (-43) y el ministro de Relaciones Exteriores, Santiago Cafiero (-40), completa el reporte. De todas maneras, el gobernador en uso de licencia sigue construyendo consensos con vistas a 2023.

Manzur volvió a las fuentes. En Simoca llamó cinco veces gobernador a Jaldo, toda una señal de un pronto adiós. Al día siguiente, el sábado en Monte Bello, ha tenido más cuidado respecto de las presentaciones, pero remarcó que la unidad es la única alternativa que tiene el Frente de Todos para ganar las elecciones, con una diferencia mayor que en las PASO del 12 de septiembre. El jefe de Gabinete necesita un resultado contundente para renovar su liderazgo en Buenos Aires. De la misma manera, Jaldo requiere una buena elección para imprimirle un mayor ritmo a lo que será su gestión luego del 14 de noviembre. Habrá cambios, pero nadie se anima a decir cuán profundos serán. Jaldo mira 2023 con la certeza de que dos años de buena gestión pueden ser la mejor carta de presentación para el siguiente turno electoral. Hasta ahora ha comprado paz social. Las provincias no tiran manteca al techo pero las recaudaciones les han sonreído de tal manera que hasta el distrito más deficitario ha logrado sacar la cabeza del agua en el mar de las preocupaciones fiscales.

Entre los manzuristas hay esa sensación de que su líder político no volverá a la Gobernación. Y basan esta percepción no sólo en las cuestiones administrativas, institucionales y políticas, sino también en las familiares.

¿Qué pasaría si el Frente de Todos no obtiene el resultado esperado en las próximas elecciones? Los estrategas del oficialismo ensayan múltiples escenarios, pero admiten que una derrota en las urnas implicaría una pérdida total de la imagen presidencial, con efectos en la administración de Gobierno. El proceso de reconstrucción del poder y de timoneo de una gestión en los dos años que le queda de mandato debería ser ejercido desde el consenso. Por eso el presidente de la Cámara de Diputados de la Nación, Sergio Massa, ha convocado a debatir las 10 cuestiones de Estado que requiere la Argentina para abandonar un escenario de crisis. Por las dudas, como se diría. ¿Y qué haría Manzur? Acompañaría al presidente de la Nación, pero con lazos comunicantes en todos los ámbitos posibles, desde el sindical hasta el empresarial. Si no es posible como jefe de Gabinete de la Nación, buscaría otro lugar para sostenerse en la marquesina política nacional. Por ejemplo, en el Senado de la Nación. No hay que perder de vista que Manzur se postula como candidato a senador suplente, una vieja costumbre de aquellos dirigentes que buscan sostener su protagonismo desde una banca en el Senado. Como se observa, el destino del médico sanitarista está casi marcado: Buenos Aires.