GLASGOW, Escocia - El tono dramático e implorante, y las “severas advertencias” sobre el apocalíptico impacto del cambio climático para la vida en la Tierra, marcaron el inicio de la cumbre mundial sobre clima más importante en años, en medio de las difíciles negociaciones en torno a los compromisos de cada nación para contener el calentamiento global y “salvar a la humanidad”.

La conferencia de Naciones Unidas por el clima, que reúne a líderes de unos 130 países, considerada por muchos como la última oportunidad para evitar los efectos desastrosos del cambio climático, se convirtió en un desafío abrumador por la incapacidad de las principales naciones industriales para abordar el compromiso.

La COP26 empezó en la ciudad escocesa de Glasgow un día después de que los países del G20 no lograron comprometerse con el objetivo de frenar las emisiones netas de carbono para 2050, una fecha límite citada como necesaria para prevenir el calentamiento global más extremo.

En su lugar, sus conversaciones en Roma solo reconocieron “la relevancia clave” de detener las emisiones netas “para mediados de siglo o alrededor de esa fecha”, no fijaron un calendario para eliminar el carbón a nivel local y suavizaron las promesas de reducir las emisiones de metano, un gas de efecto invernadero mucho más potente que el CO2.

El primer ministro británico, Boris Johnson, anfitrión del evento, comparó el calentamiento global con un “dispositivo del día del juicio final” adosado al cuerpo de la humanidad, mientras que el presidente estadounidense, Joe Biden, dijo que nadie “podrá escapar a lo peor” si no se toman enérgicas medidas esta misma década.

Mientras Johnson hablaba, la activista sueca Greta Thunberg difundió una petición para que sus millones de seguidores firmen una carta acusando a los líderes de traición. “Millones sufrirán mientras nuestro planeta es devastado, un futuro aterrador que será creado o evitado por las decisiones que tomes. Tienes el poder de decidir”, dice la carta.

Las diferencias entre algunos de los mayores emisores sobre cómo reducir el consumo de carbón, petróleo y gas, y ayudar a los países más pobres a adaptarse al calentamiento global y a hacer la transición a energías limpias no facilitará la tarea.

En el G20, Biden, señaló a China y Rusia -ninguno de los cuales enviará a su líder a Glasgow- por no llevar propuestas a la mesa.

El presidente chino, Xi Jinping, cuyo país es el mayor emisor de gases de efecto invernadero, muy por delante de Estados Unidos, tenía previsto envia a la conferencia una declaración escrita, según un cronograma oficial.

El ruso Vladimir Putin, uno de los tres mayores productores de petróleo del mundo junto con Estados Unidos y Arabia Saudita, finalmente no participará en conversaciones en vivo por enlace de video, dijo el Kremlin.

Los delegados de menor rango, muchos de ellos retrasadospor interrupciones en el servicio ferroviario entre Londres y Glasgow, tenían problemas más mundanos. Más de 1.000 tuvieron que hacer cola durante más de una hora en un cuello de botella fuera del lugar para presentar pruebas de un test negativo de covid-19 y obtener acceso, mientras eran entretenidos por los activistas con un remix musical electrónico con los discursos anteriores de Thunberg.

El lejano anhelo de 1,5°C

La COP26 busca mantener vivo el objetivo del calentamiento global máximo a 1,5 grados Celsius por encima de los niveles preindustriales, algo que, según los científicos, evitaría sus consecuencias más destructivas.

Para lograrlo hay que elevar los compromisos para reducir las emisiones, asegurar financiamiento relacionado con el clima para los países en desarrollo y finalizar reglas para implementar el Acuerdo de París de 2015, firmado por casi 200 países.

Las promesas existentes para reducir las emisiones, lejos de ese objetivo, permitirían que la temperatura superficial promedio del planeta aumente en 2,7°C en el siglo. Según el último informe del equipo de investigación de la ONU sobre el clima, sobrecargaría la destrucción que el cambio climático ya está causando, al intensificar las tormentas, exponer a más personas a un calor mortal y a inundaciones, elevar el nivel del mar y destruir hábitat naturales.

Los países desarrollados confirmaron la semana pasada que cumplirían tres años más tarde la promesa hecha en 2009 de proporcionar 100.000 millones de dólares al año en financiación climática a los países en desarrollo para 2020.

El secretario general de la ONU, António Guterres, dijo ante los jefes de Estado y de Gobierno que los seres humanos “estamos cavando nuestra propia tumba”, que es hora de “salvar a la humanidad” del daño irreparable que este ritmo de cambio climático causará en la naturaleza y la humanidad. (Télam-Reuters)