Quedé realmente perplejo al leer la noticia de que un efectivo de la Guardia Urbana había sido sancionado por una subcomisaria con 10 días de suspensión por haberse detenido a beber agua en horas de trabajo. Castigo originado en un reglamento quizás mal interpretado o mal comprendido; o peor, mal redactado. El sano criterio de las autoridades superiores -jefe de Policía, Manuel Bernachi, y director de Guardia Urbana, Juan Ibáñez, pudo corregir velozmente esta insensata resolución, que hubiera dejado muy mal parada a la institución policial. En esta época de desencantos, es bueno comprobar que medidas como esta satisfacen la razón.

Darío Albornoz


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