Por Gonzalo Sarasqueta.

Profesor e Investigador de la UCA.

Lo que intentó hacer Victoria Tolosa Paz es dotarse de anticuerpos comunicacionales. El horizonte es incierto para el oficialismo. La inflación, la posibilidad latente de una corrida cambiaria (producto de la fragilidad económica y desconfianza que genera el Frente de Todos), la intensificación de la protesta (lo que pasó el jueves en el Ministerio de Desarrollo Social encendió las alarmas) y las mismas tensiones dentro del gobierno forman un cóctel multidimensional que atenta contra la estabilidad de la gestión de los Fernández. La candidata quiere “inocularse” y, ante cualquier “sismo político”, decir: “Yo avisé”. Una estratagema totalmente ineficaz. La ciudadanía sabe lo que está pasando porque lo vive día a día, en los precios, en los cortes de calle…

El concepto de “Golpe blando” hace referencia a todas aquellas prácticas implícitas que buscan desestabilizar a una gestión. En vez de acudir al ataque frontal, la vía explícita de alterar el orden constitucional (por ejemplo, las Fuerzas Armadas chilenas derrocando a Salvador Allende), se realizan acciones económicas, judiciales o comunicacionales para erosionar la reputación del oficialismo, y así conducirlo a una salida del poder. El objetivo es el mismo (desplazar a un gobernante), pero la metodología es distinta: no hay terceros involucrados en la maniobra. El único responsable de la caída es el oficialismo.

Al ser un “cluster” de conspiraciones, pasillos y traiciones, es muy recurrente inventar “Golpes blandos”. ¿Por qué? Porque es muy difícil comprobar su existencia.