La Anses acaba de desistir la apelación que le impedía a la vicepresidenta cobrar su pensión de ex presidenta y la de su difunto esposo al mismo tiempo. En 2017 el gobierno macrista la obligó a optar por una de las dos. La medida, en contra de la ley, habilitaría a la misma al cobro de una suma mensual de $ 2,5 millones por ambos conceptos, como haberes jubilatorios de privilegio. Además reclama, de manera retroactiva, una suma de $ 120 millones por el mismo hecho. Esta Anses, tan expeditiva y complaciente con el poder, es la misma que tiene pendientes de pago miles de juicios favorables a ciudadanos de a pie, con el recurso de la apelación sistemática a todos los fallos de la ley. Con millones de jubilados cobrando $25.000 de mínima, la vicepresidenta cobraría por mes 100 haberes mínimos o lo que ganaría un jubilado en 8 años de su vida. Con la mitad de la población sumergida en la pobreza al no superar sus ingresos los $ 70.000; con una indomable inflación que carcome diariamente los bajos salarios de la masa laboral; con millones de desempleados que no consiguen ni siquiera lo necesario para no caer en la indigencia; con dos larguísimos años todavía por delante de un gobierno (del cual la vice es la principal mentora) que no puede solucionar ninguno de los múltiples problemas que tenemos, casi todos debido a su propia ineptitud; con cientos de argentinos y empresas escapando del país ante la falta de un presente y un futuro posible; en definitiva, atravesando la peor realidad que se haya vivido en la historia contemporánea, la actitud vicepresidencial es una bofetada a cada ciudadano argentino, que somos, en definitiva, los que le vamos a pagar cada peso de esos 2,5 millones. Su reprochable actitud, además, la pinta de cuerpo entero sobre qué significa para ella el ejercicio de la función pública. ¡Ah! Nobleza obliga, hay que decir que pidió no ser eximida del pago del impuesto a las ganancias y a la par desistió de cobrar su actual sueldo de funcionaria pública, en un elevadísimo gesto de renunciamiento y desinterés. En definitiva, mientras el buque se hunde irremediablemente, ya sabemos quién ocupa el primer lugar de los botes salvavidas, impúdica y privilegiadamente.
Ricardo A. Rearte
ricardorearte333@gmail.com