El artículo 14 de la Constitución nacional pierde vigencia desde hace varias décadas, pero nunca como durante la cuarentena implementada con el justificativo de la pandemia. Este Gobierno tomó la Constitución, busco cuál es el artículo que otorga derechos sobre la vida de los argentinos y los que viven en el territorio. Decidió sin distinción de clases, salvo la clase política, que la Constitución tiene rango inferior a los decretos de un presidente absoluto, que trajo dolor, muerte, pobreza, hambre, que convirtió al pueblo en seres sin derecho y totalmente vulnerables. Eligió el artículo 14, pero ¡Oh milagro!, el voto ciudadano hizo el milagro. De pronto, de un día para el otro, no hay más pandemia y menos cuarentena. Aparecieron las vacunas, no hay más testeos, se pueden llenar estadios, boliches, viajar como y donde quieran; no hay más terapias intensivas, habrá aumentos de sueldo, de planes sociales; no sólo habrá presencialidad de las escuelas, quizá habrá clases los sábados, se buscarán, casa por casa, a los alumnos desertores; se les dará computadoras, bicicletas, cocinas y mucha plata en el bolsillo durante la campaña. Todo lo que quieran les será dado, con la única condición de que no voten como el 12 de septiembre. No debe haber otro milagro, se desea en el Gobierno. Todo lo que se hizo contra el artículo 14 ¿no era necesario? ¿No había que apresar ni abrir causas judiciales por ejercer el derecho a transitar, navegar, comercial, peticionar, entrar y salir del barrio, de la provincia, del país, de la expresión sin censura previa, de disponer de la propiedad, de enseñar y aprender, de garantizar el derecho de huelga, de gozar de seguridad social, de obras sociales administradas por afiliados, sin interventores políticos, de la protección y defensa de la familia, del acceso a la vida digna, como establece el artículo 14?. ¿Los legisladores, la defensoría del pueblo no sabían que además de jugar con zoom en casa se estaba violando el artículo 14? No presentaron escritos en defensa de la cordura y la legalidad. Ojalá el pueblo se dé cuenta del milagro de votar sin vender su voto.
Elvira Arnedo
La Rioja 151
San Miguel de Tucumán