El Premio Nobel de Economía se dio a conocer ayer y fue una terna compartida entre el canadiense David Card, el estadounidense Joshua Angrist y el neerlandés Guido Imbens. Los tres especialistas utilizaron experimentos naturales para "responder a importantes preguntas de la sociedad", como cómo entender la conexión entre las políticas económicas y otros eventos, según indicaron desde La Real Academia Sueca de las Ciencias.
El premio repartido será la mitad para David Card quien se destaca por su contribución a la economía del trabajo, mientras que la otra la comparten Angrist e Imbens por "sus contribuciones metodológicas al análisis de las relaciones causales". La ceremonia de entrega será el próximo 10 de diciembre en Estocolmo y el premio, que se dividirán los tres, es de 10 millones de coronas suecas, el equivalente aproximadamente a US$1,1 millones.
El Nobel de Economía es el último premio que se entrega anualmente, luego de los de medicina, física, química, literatura y paz. Fue creado en 1968 por el Banco Central de Suecia, Sveriges Riskbank y es el más prestigioso del mundo en el área de Economía. El año pasado, el premio fue otorgado a los economistas estadounidenses Paul Milgrom y Robert Wilson por las "mejoras en la teoría de subastas e invenciones de nuevos formatos de subastas". Mientras que, en 2019 le fue entregado a Abhijit Banerjee, Esther Duflo (la segunda mujer en ganarlo en la historia de la premiación) y Michael Kremer, por su trabajo sobre las causas y remedios de la pobreza.
Lo que llamó la atención en esta oportunidad a la Real Academia Sueca de las Ciencias fue que los tres habían "reformado completamente el trabajo empírico en las ciencias económicas". "Los estudios de Card sobre cuestiones fundamentales para la sociedad y las contribuciones metodológicas de Angrist e Imbens han demostrado que los experimentos naturales son una rica fuente de conocimientos", afirmó Peter Fredriksson, presidente del Comité de Ciencias Económicas. "Su investigación ha mejorado sustancialmente nuestra capacidad para responder preguntas causales clave, lo que ha sido de gran beneficio para la sociedad", indicó la BBC.
Ampliar el mundo
Según algunos expertos en Economía el premio debería hoy ampliar nuestra visión de un mundo multipolar “en el que hay vida más allá de la Vieja Europa y EEUU”. La crítica deviene porque los tres ganadores son hombres de cultura anglosajona y formados en universidades estadounidenses.
En los medios se destacó la trayectoria y artículos de David Card, el nombre que suena más fuerte entre los ganadores. Card profundizó en sus estudios en cuestiones básicas del mercado laboral, como la negociación de los sindicatos, la desigualdad, el salario mínimo, las prestaciones por desempleo y los programas de bienestar: asuntos cotidianos que están muy presentes en nuestras sociedades. “Es una buena noticia este Nobel porque muy raramente se da a economistas heterodoxos como en este caso,” dijo el economista Daniel Kostzer en una conversación telefónica con LA GACETA.
Card desarrolló su carrera profesional como profesor de Economía en la Universidad de California, Berkeley; ha sido coeditor del Journal of Labour Economics y Econometrica, y ha recibido premios como la Frisch Medal, en 2007. "La economía en su conjunto es realmente una combinación de dos tipos de personas: los que tienen una orientación muy práctica y los que son más bien filósofos matemáticos. Los filósofos matemáticos se llevan la mayor parte de la atención. Se ocupan de las grandes preguntas sin respuesta. Los economistas laborales tratan de ser más científicos: buscan predicciones muy específicas y tratan de probarlas con el mayor cuidado posible. Los filósofos matemáticos se sienten muy frustrados por los economistas laborales. Ellos vienen con una amplia teoría general, y nosotros les decimos que no se ajusta a la evidencia", contaba Card en 2006, en la web de la Reserva Federal de Mineápolis.
Joshua D. Angrist y Guido W. Imbens recibieron el Nobel por sus contribuciones metodológicas al análisis de las relaciones causales. A mediados de los años 90 demostraron cómo se pueden extraer de los experimentos naturales conclusiones precisas sobre las causas y efectos de un fenómeno. Esta metodología ha sido adoptada por los economistas que trabajan con datos observacionales, dijo el jurado.
La institución que concede el Nobel de Economía también ha destacado que los expertos elegidos este año han proporcionado a la ciencia “nuevos conocimientos sobre el mercado laboral y han mostrado las conclusiones sobre las causas y efectos que se pueden extraer de los experimentos naturales. Estos conocimientos se han podido extender a otros ámbitos y han resultado revolucionarios para la investigación empírica”.
Los experimentos
Este año el premio se focalizó en esta metodología y los avances en este tipo de investigaciones. “Un experimento natural es un estudio empírico u observacional en el que los investigadores no modifican de forma artificial las variables de control ni las experimentales de interés, sino que permiten la acción de la naturaleza o de factores fuera de su control. Es decir, los investigadores no controlan los experimentos naturales al contrario de los aleatorios tradicionales. Solo observan y analizan. En el campo económico pueden resultar útiles, como un nuevo campo de pruebas alternativo cuando los experimentos controlados resultan poco prácticos o éticamente no son adecuados, ya que intervienen personas. Pueden servir para estudiar como cambios legislativos o en política dentro de espacio definido (un país, un grupo social)”, explicó el diario ABC de España.