Me dirijo al señor Jaldo. ¡Qué lástima! ¡Qué sorpresa! ¡Qué desilusión! Una persona que se mostraba independiente. Que parecía consecuente con su pensar. Que podía ser libre en su accionar resultó ser una persona totalmente dependiente y sometida a la tutela de un ambicioso aceitunero que ahora se ha convertido en el jefe del Gabinete de la Nación. De más está decirle que como parte de la séptima generación de tucumanos y muy orgulloso de serlo yo no puedo sentirme en nada representado por usted. Entre muchas cosas hubiera esperado que no mantenga a los funcionarios que le impusieron. Así seguimos sin seguridad, sin educación y no le sigo relatando lo que usted ya sabe, pero acata. Podría también recordarle las inexistentes obras públicas, que ahora con las elecciones a lo mejor aparecen en algún anuncio, pero que después volverán a ser parte del olvido.

Juan Padilla

Finca El Carmen

Lules