Cuenta Honoria Zelaya de Nader que el primer libro de literatura infantil escrito en Tucumán se publicó en 1938. Se titula “De nuestra tierra” y fue el resultado de un profundo trabajo de recopilación de relatos orales recogidos por Tránsito Cañete de Rivas Jordán. Si bien es la obra literaria más antigua hasta ahora sobre el tema, desde mucho tiempo atrás, desde la época de la colonia, el cuento infantil se venía libando como un acullico de hojas de coca en las gargantas de las madres indias.

Zelaya de Nader, miembro de número de la Academia Argentina de Literatura Infantil y Juvenil, acaba de publicar la segunda edición de su libro “Historia de la literatura infantil juvenil en Tucumán. Desde la América indígena hasta 1940”. Será presentado hoy, a las 11, en forma on line (el link es https://meet.google.com/adv-vxzm-jnm) en el marco del cierre de la diplomatura en “Literatura Infantil y Juvenil en la Era Digital” de la Unsta. A la obra se referirán Pedro Luis Barcia y Daniel Dessein.

- ¿Cuándo aparece el cuento infantil en esta zona?

- Nuestros nativos tenían su propia lengua y sistemas de escritura pero no la usaban para creaciones literarias. Sí la plasmaban en gráficos. Pensemos en los códices de México, en los pictogramas. Su escritura era fonética. El gran pionero de la literatura infantil en Argentina es Domingo Sarmiento; él traduce y escribe una historia sobre la vida de Jesucristo, introduce el humor en libros de textos escolares... Luego la inmigración nos pone en contacto con los grandes escritores del género y recién a mediados del siglo XX, tras la conceptualización de lo que es un niño, se distingue entre la didáctica de la lengua y la literatura infantil.

- ¿Qué narraban los nativos a sus hijos, cuáles eran sus temas?

- El punto de partida de nuestra literatura infantil es la Pachamama. Las tradiciones que han sobrevivido están ligadas a seres que amaban su suelo. Pachamama, Huyrapuca, Hullocsina, Coquena... todas estas historias laten en sentidas advertencias ecólogicas. No en vano la gran fuente de la literatura infantil es esa expresión germinal y profunda de la cultura popular: el folclore. Los temas recurrentes son la tierra como madre, los riesgos del alcohol, la inteligencia sobre la fuerza, el vuelo, la palabra vana...

- ¿Significa que el origen del cuento infantil es el mito?

- Sí. El cuento infantil nace aquí en las voces de las madres indias y africanas de la época colonial. Por eso tiene mucho que ver con nuestra identidad, como la región del Tucumán. El tema del alcohol, tan enraizado en las costumbres de nuestros indígenas a través de la chicha, es recurrente. “Los cuatro palacios del zorro”, de Cañete de Rivas Jordán es, según advierto, la versión tucumana de “El Gato con Botas”. Allí el gato le advierte al zorro que no debe tomar vino porque el que se emborracha grita, pero él no le hace caso. Están en una fiesta, ve vino y se emborracha, y empieza a gritar y a ser lío, entonces los perros lo matan. Estos relatos son las raíces de la sabiduría popular.

- Entonces el cuento infantil está ligado al origen de nuestra historia

- Así es. La literatura infantil juvenil, estrechamente ligada a una concepción de la vida y del hombre, está inscripta en los primeros eslabones de la historia. Y sin embargo ha sido de continuo soslayada por la crítica de nuestro medio. No es ningún secreto que estos relatos son basamentos antropológicos sobre los cuales un pueblo amasa sus sueños primeros. Van edificando arquetipos. Jorge Luis Borges es un buen ejemplo. Sus obras están marcadas no sólo por sus antepasados, sino también por sus lecturas primeras. Indudablemente es necesario atender a nuestro pasado también a través de las lecturas infantiles para ahondar en nuestra identidad, objetivo central de esta obra.

- Hábleme de esta segunda edición.

- La primera data de 1991, por la Universidad Nacional de Tucumán y ha sido galardonada por el Ministerio de Cultura de la Nación en Buenos Aires, en el Salón Blanco de la Casa de Gobierno. He sentido la necesidad de su reedición en homenaje a esta diplomatura. El estudio consta de dos textos introductorios, el de Barcia y el de Máximo Hernán Mena. Sus capítulos son: De la América Indígena a la conquista, La voz de la Madre India, Raíces de sabiduría Popular, De niños, libros y bibliotecas, Relevamiento de obras de la literatura infantil juvenil durante el siglo XIX existentes en las Bibliotecas Sarmiento y Alberdi, Nuestros primeros escritores: José Agustín Molina, Mario Bravo, Ricardo Rojas, Amalia Prebisch de Piossek, Pablo Rojas Paz, Juan B. Terán y Cañetes de Rivas Jordán. El diseño de tapa y diagramación es de Silvana Firpo; la edición textual, de Jorge Brahim, y es de editorial Vleer.

- ¿Cómo empezó todo?

- Comenzó en mis días iniciales de docente en la escuela de Monte Grande, hace casi medio siglo. Allí aprendí que un niño necesita palabras aladas que le espejen su identidad. Llevo editado 35 libros entre ficción e investigación y siento como Paul Hazzar que “puede desdeñarse a la Literatura Infantil, pero ello implica que por principio no se conceda importancia al modo cómo el alma nacional se forma y se mantiene”.