Desde hace décadas (y hermanado con las tendencias online), cada cierto tiempo el veganismo suele ponerse bajo la lupa para analizar sus mitos, verdades a medias y cualquier detalle de salud que se predique desde este espacio.

Sin contemplar la filosofía de vida que conlleva por detrás, una duda práctica que interpela a muchos tucumanos es “¿cuánto dinero cuesta ser vegano?”.

Por el precio de la carne y los lácteos, en general, las dietas vegetarianas y veganas resultan más económicas. No obstante, hay algunos “peros” y datos extra a tener en cuenta.

“Para economizar en serio y armar un menú balanceado, ser vegano requiere de una mayor organización porque hay comidas que necesitan varios procesos de elaboración previos e invertir algunos días el doble de tiempo en la cocina”, explica el médico nutricionista Lisandro Ortiz Castillo.

Por ejemplo, esto pasa al querer sumar a nuestro desayuno leche de almendras frescas o acompañar el menú con seitán. “Esta pasta de gluten de trigo debe hervirse con anterioridad para que adquiera una consistencia blanda. Además de dejarlo reposar con salsa inglesa, caldo o salsa de soja para que sume color, sabor y adquiera una visual similar a un corte vacuno”, comenta.

Lo mismo ocurre con la soja texturizada (que requiere hidratación) o las legumbres. “Los porotos, garbanzos y lentejas son la base de muchísimos platos y para una correcta digestión también deben ponerse en remojo por al menos nueve horas”, acota Ortiz Castillo.

Ante estas situaciones, sirve bastante crear un planning semanal. “Otro factor que economiza los costos es que podemos armar porciones grandes de comida y utilizar los restos o un mismo ingrediente en múltiples comidas sin desperdicios. Hasta el agua que queda al cocer los garbanzos (aquafaba) sirve como sustituto de los huevos para fabricar mayonesa o postres”, comenta la chef plant based Macarena Clarasó.

Los beneficios para el bolsillo serán mayores si a esto le sumamos comprar en las verdulerías los cajones surtidos de oferta o elegir las hortalizas de estación.

La logística del dónde

Un error frecuente es dejarnos engatusar por las fotos de las redes sociales, imágenes en las que se muestra un veganismo gourmet: con ingredientes exóticos y sello de importación.

Eso (en adición al poco trabajo de investigación personal) ocasiona que bastantes inexpertos compren sus alimentos en tiendas delicatessen.

“Hay una buena diversidad de marcas de conservas, untables y galletas que apostaron por fórmulas veganas para llegar a un público más amplio, pero cuestan el doble que los productos tradicionales al tratarse de etiquetas de autor o por las certificaciones que las avalan”, advierte Micaela Albornoz, quien desde la fanpage “Vegantuc” se dedica a compartir recetas no cárnicas.

En un ejercicio rápido, sus palabras se confirman al dar una vuelta por los comercios afines de Barrio Norte y el microcentro. En los estantes, las mayonesas saborizadas (270 g) cuestan alrededor de $ 400 y los quesos de castañas de cajú (160 g) $ 500.

“Comer vegano es barato sólo si preparamos nosotros mismos las cosas y completamos la carta con productos hechos por emprendimientos locales. Es igual con cualquier dieta omnívora, depender del delivery encarece todo”, reflexiona.

Lo interesante es que -en caso de emergencia (o sea, falta de ganas)- existen varios locales de viandas congeladas, panificados dulces y fast food que se dedican exclusivamente a lo vegano.

“A veces, lo que nos juega en contra es la percepción que se tiene de este estilo de vida. Las tiendas suelen elaborar equivalencias veganas de sus típicos productos en lugar de destacar las diferencias”, afirma Ana Arroyo, dueña de una dietética naturista.

Es decir, se toma la carne como un elemento a replicar mediante sustitutos. “En la práctica, esto conduce a que los precios se fijen sobre el valor general de un producto (sánguches, empanadas, pizzas, etcétera) y no pensando en el verdadero costo de producción (más económico al utilizar sólo derivados vegetales)”, concluye.

Equilibrios

Al pensar en alimentación vegana quizás parezca que sus tonos “restrictivos” limitan nuestras alternativas para darle sazón y textura a las cenas o almuerzos. Para sintetizar, resulta un mito más.

“Una de las razones es que en los supermercados, las opciones no exceden los medallones, salchichas de soja y enlatados. En realidad, el espíritu del veganismo (con el cuidado ambiental y protección animal) aboga por omitir los ultraprocesados, grasas, sustancias químicas y refinados para llevar conciencia a la mesa y sentir bienestar a través de una alimentación apropiada”, agrega Albornoz.

En esta línea el último detalle es hablar sobre los suplementos y el gasto adicional que suman en la planilla de gastos.

“Sin entrar en casos particulares, es real que las dietas veganas pueden producir un déficit de ciertos macronutrientes, micronutrientes o proteínas de alto valor biológico en el organismo. La solución es regular mejor las proporciones ingeridas o recurrir a suplementos que compensen esas bajas”, especifica Ortiz Castillo.

Lo usual es suplir la vitamina B12 (imprescindible para el funcionamiento cerebral y del sistema nervioso). “Por esta razón, el traspaso al veganismo es paulatino y resulta aconsejable hacernos antes controles médicos para detectar posibles patologías, anemia y chequear nuestros niveles de calcio, hierro y minerales”, enfatiza.

A la mesa
Un breve comparativo

Algunos datos para ver las diferencias y las similitudes de costos entre los platos con carne y sin ellos al comprar los ingredientes en una franquicia de supermercados. Al usar bastantes hortalizas un punto a favor en las dietas veganas es la compra a granel y con cantidades secas que pueden almacenarse por mucho más tiempo en la despensa.

1) Hamburguesas:

- Tradicional: medallones de carne vacuna (cuatro unidades) $ 380, pan $ 170, lechuga crespa (200 g) $ 24, tomate (200 g) $ 36, queso danbo en fetas (200 g) $ 239 y mayonesa (300 g) $ 90.

- Vegana: medallones (cuatro unidades) $ 240, pan $ 160, lechuga crespa (200 g) $ 24, tomate (200 g) $ 36, queso de papa $ 100 y dip de remolacha $ 80.

2) Zapallitos rellenos:

- Tradicionales: zapallitos (200 g) $ 30, carne molida (500 g) $ 650, arroz (500 g) $ 90, cebolla (200 g) $ 20, zanahoria (200 g) $ 20, morrón (250) $ 63.

- Veganos: zapallitos (200 g) $ 30, soja texturizada (350 g) $ 150, arroz (500 g) $ 90, cebolla (200 g) $ 20, zanahoria (200 g) $ 20, morrón (250 g) $ 63.

3). Ensalada César:

- Tradicional: lechuga romana (300 g) $ 80, queso parmesano en hebras (130 g) $ 260, dos pechugas de pollo $ 340, salsa inglesa (950 g) $ 271 y anchoas enlatadas (90 g) $ 300.

- Vegana: lechuga romana (300 g) $ 80, levadura nutricional (200 g) $ 350, tofu troceado (150 g) $ 300, salsa inglesa (950 g) $ 271 y pickles (160 g) $ 100.

4). Tarta cabsha:

- Tradicional: dulce de leche repostero (400 g) $ 200, ganache de chocolate ($ 180 los 200 g de chocolate semi amargo y $ 95 el litro de leche) y masa pay $ 200.

- Vegana: dulce de leche vegetal repostero (400 g) $ 200, ganache de chocolate ($ 180 los 200 g de chocolate semi amargo y $ 80 el litro de leche vegetal de elaboración propia) y masa pay $ 200.