El ataque terrorista golpeó en medio del corazón a Estados Unidos, y lo hizo en muchos sentidos. Hasta ese momento, nunca se había producido un atentado de esa magnitud en suelo estadounidense. No solo por la cifra de muertos y heridos, sino también por la precisión con la que los terroristas destruyeron en tan solo una hora los que eran símbolos de supremacía económica y militar en el mundo. Y solo gracias a la valentía de algunos pasajeros, luego del World Trade Center y el Pentágono, un cuarto avión no llegó a estrellarse en un vuelo suicida contra la Casa Blanca o el Capitolio.

Hoy, 20 años más tarde, el shock existencial está casi olvidado, sobre todo para aquellos que tienen menos de 30 años y apenas recuerdan ese día y los posteriores. Pero también para muchos y muchas estadounidenses que viven lejos de Nueva York o Washington, esos sucesos han pasado a ser historia. Supuestamente.

Poco hubiera cambiado en ese sentido, también luego del 20º aniversario de los atentados, si el presidente estadounidense, Joe Biden, no hubiera relacionado la retirada de tropas de Afganistán con esa fecha fatídica. Biden nombró el 11 de septiembre como el día en que todas las tropas estadounidenses habrían abandonado definitivamente Afganistán.

A lo largo de los años, miles de millones de dólares fluyeron en la llamada “Guerra contra el terrorismo y se renovaron el servicio secreto y el Ejército . Se aceptó la narrativa de que EE.UU. estaba siendo amenazado desde el exterior y, por tanto, se debía hacer todo lo posible para acabar con esa amenaza de una vez por todas. Pero, con cada año que pasa, las imágenes de la caída de las Torres Gemelas empalidecen. La disposición a sacrificar más vidas y a gastar miles de millones en guerras que no tienen fin disminuye. La élite política había caído en una trampa. A más tardar desde el asesinato de Osama bin Laden, ya no era prioritaria la lucha contra redes terroristas para justificar las guerras.

Joe Biden no deja ninguna duda de que Estados Unidos somete sus actividades de política exterior únicamente a los intereses de su propio país. El compromiso militar de Estados Unidos se reducirá aún más. Biden se dedicará a las necesidades políticas internas, como la mejora de la infraestructura y la lucha contra la catástrofe climática.

En términos de política exterior, en realidad solo hay un tema que importa: la lucha con China por el poder. En Siria, los estadounidenses ya le dejaron el terreno libre a Rusia, y también se están frenando en Libia. Incluso Israel ya no quiere depender de Estados Unidos y está ampliando sus relaciones con los países árabes. La duración de esos pactos es cuestionable. Muchos expertos temen que, cuanto más se aleje Estados Unidos del juego, más disminuirá el umbral de inhibición para los primeros ataques militares.

Veinte años después de los ataques terroristas, las torres derrumbadas del World Trade Center se han convertido en un símbolo de la desaparición Estados Unidos como policía mundial desde hace mucho tiempo. Y son aún señales de advertencia sobre el hecho de que tendrán que tejerse nuevas alianzas si se quiere evitar que el vacío emergente, y en parte ya existente, sea llenado por poderes antidemocráticos. (DW)