Llegó septiembre y con él vendrá la temporada más colorida del año, la primavera. Aunque sea la favorita de muchos por la posibilidad de disfrutar de jornadas más largas, cálidas y despejadas -que son ideales para hacer actividades al aire libre-, también hay algunas desventajas: esta época se traduce en el aumento de casos de alergia, lo que significa un dolor de cabeza para quienes la sufren.

“Actualmente estamos cursando la última parte del invierno y aún no llegan las lluvias, por lo que el clima está seco, y a la contaminación atmosférica se le suman los pólenes que empiezan a liberarse, lo que determina muchas partículas en suspensión, que entran en contacto con los ojos, nariz y boca e ingresan a las vías respiratorias desencadenando patologías como conjuntivitis, rinitis y asma alérgicas, frecuentes en ésta época”, explica la médica especialista en alergias, asma e inmunología Silvina Heluani.

En primer lugar, para entender qué son las alergias, la profesional aclara que no se trata de una enfermedad en sí, en su lugar, la define como una “condición de algunas personas en las que su sistema inmunológico, se ‘confunde’ y reacciona en forma exagerada ante el contacto con diferentes sustancias, desencadenando distintos síntomas según el órgano que afecte”.

¿Qué puede producirlas? Heluani explica que hay alérgenos inhalatorios, como es el caso del polvillo, los pólenes, ácaros y hongos de la humedad -que ingresan por la nariz y los bronquios y producen rinitis, asma y conjuntivitis al entrar en contacto con los ojos-; alimentarios, como la proteína de la leche de vaca, huevo o el maní -que pueden generar manifestaciones alérgicas en el sistema gastrointestinal o en la piel-, y aquellos que se vinculan con diferentes medicamentos, como la penicilina.

Aunque la predisposición genética (hijos de padres alérgicos son más propensos a presentarla) puede ser uno de los factores para que una persona sea alérgica no es determinante dado que también puede influir la alimentación, el entorno donde vivimos, la contaminación ambiental, la microbiota (flora intestinal) y la exposición a diferentes alérgenos.

Heluani remarca que para prevenir la aparición o agravamiento de los síntomas es muy importante contar con un diagnóstico. “Si tenemos congestión y prurito nasal o me sale ‘agüita’ de la nariz, estornudos, agitación, tos, etcétera, debemos concurrir a un médico alergista y no automedicarnos. De esta forma se podrá identificar con exactitud los alérgenos e indicar el tratamiento más adecuado”, subrayó.

Durante el año

Tanto la rinitis alérgica como la conjuntivitis alérgica pueden ser, según el alérgeno que las desencadena, estacionales”, explica la médica pediatra y especialista en alergias Melisa Sabeh. Esto significa que los síntomas aparecen en una época específica del año, por ejemplo: en la primavera en los alérgicos al polen, o pueden ser persistentes y presentarse todo el año (en el caso de los alérgicos a los ácaros o a perros y gatos).

“Por otro lado, en cualquier momento del año, pueden aparecer otras enfermedades alérgicas que pueden no tener relación con una estación del año como por ejemplo urticarias, alergias alimentarias, dermatitis atópica, entre otros”, agrega.

Cómo identificarlas

Gabriela Rosenberg, también especialista en alergia, asma e inmunología, precisa que tienen algunas características que nos permiten reconocerlas, como la picazón. “Este síntoma, aunque no es exclusivo de las alergias, está presente en las rinoconjuntivitis y enfermedades alérgicas de la piel como urticarias y dermatitis de contacto y atópica. La presencia de silbidos en las crisis asmáticas y la tos son algunos de los síntomas del asma”, señala.

El diagnóstico

La aparición de los síntomas ante determinadas circunstancias, como cambio de tiempo, presencia de polvo, contacto con sustancias (consumo de alimentos o de fármacos) orientan sobre la base atópica. “En el caso de las rinitis alérgicas, los estornudos en salva y la secreción transparente son signos frecuentes. La presencia de otras patologías alérgicas anteriores o concomitantes también orientan al diagnostico”, añade Rosenberg.

La especialista destaca que se altera la calidad de vida de los pacientes riníticos severos y es posible que los asmáticos empiecen con las rinitis o desarrollen crisis asmáticas. Por eso, la consulta precoz con el especialista es clave para detectarlas y tratarlas a tiempo.

Las profesionales señalan que los estudios son variados e incluyen pruebas de laboratorios, pruebas cutáneas (testificación cutánea) y epicutáneas según el tipo de alergia, que permiten identificar cuál es el alérgeno que provoca la afección. Se trata de pruebas seguras, con resultados en el momento y deben ser realizadas exclusivamente por especialistas en alergia.

Tratamientos

“Se basa en un tratamiento no farmacológico que incluye la evitación del alérgeno y el control medio ambiental y en un tratamiento farmacológico. Con respecto a este último, existen diversas opciones terapéuticas para utilizar, cuya elección estará en relación al grado de gravedad de la enfermedad y a las características específicas de cada paciente”, precisa Sabeh.

Asimismo, hay fármacos que alivian los síntomas como los antihistamínicos y corticoides inhalados nasales y con un tratamiento inmunológico, que es la Inmunoterapia alérgeno específica (vacunas que pueden ser inyectables u orales). Explica que esta terapia es la que puede modificar la historia natural de la enfermedad alérgica, disminuye el uso de medicación de rescate y de base, puede desensibilizar al paciente y previene la aparición de nuevas sensibilizaciones. Asimismo, siempre debe ser indicada y controlada por el médico alergista.

“Con un tratamiento adecuado, la calidad de vida del que sufre rinitis alérgica, mejora notablemente'', asegura.

Prevención

¿Es posible prevenirlas? Identificar los desencadenantes de los síntomas es un paso importante en la prevención. “Al evitarlos, se logra reducir los síntomas y un menor requerimiento de fármacos. La exposición a alérgenos del ambiente es el factor más importante en el desarrollo y la exacerbación de la rinitis alérgica”, detalla Sabeh.

Por eso, el control ambiental como evitar el humo del cigarrillo, el contacto con otros irritantes ambientales, o la exposición alta a pólenes, ácaros, etcétera es fundamental en la prevención. Remarca que debemos tener presente que la lactancia materna exclusiva reduce significativamente el riesgo de desarrollar enfermedades alérgicas.

Factores de riesgo

Sabeh reitera que tener una predisposición genética a las enfermedades alérgicas y otras enfermedades atópicas como dermatitis atópica o alergia alimentaria, son factores de riesgo para desarrollar rinitis alérgica.

“En los niños, al igual que en los adultos, también puede aparecer la rinitis/rinoconjuntivitis alérgica, tanto es así, que la rinitis alérgica es la enfermedad crónica más frecuente en pediatría, que afecta enormemente la calidad de vida y muchas veces está infradiagnosticada e infratratada. Aproximadamente el 21% de los niños y el 33% de los adolescentes de nuestro país manifiestan síntomas de rinitis y su prevalencia parece incrementarse”, advierte.

Es fundamental realizar un diagnóstico temprano en los niños y adolescentes porque este grupo etario con rinitis/rinoconjuntivitis alérgica experimentan mala calidad de sueño nocturno con cansancio diurno, ansiedad, déficit en la atención y concentración, cefaleas, fastidio, irritabilidad, limitación en las actividades diarias, frustración y trastornos de la conducta.

Por otro lado, la rinitis alérgica puede asociarse a otras patologías como sinusitis, asma, otitis media e infección respiratoria recidivante que pueden ser diagnosticadas y tratadas por el médico especialista.

Coronavirus

Rosenberg señala que se observan casos de urticarias que se presentan tras haber atravesado un cuadro de coronavirus, pero advierte que en estos casos es importante realizar una exhaustiva historia clínica para poder hacer el diagnóstico específico.

Además, describe que se han descrito como reacciones adversas inmediatas, la aparición de broncoespasmos y de urticaria posteriores a la administración de algunos inoculantes, pero recalca que se tratan de datos preliminares.

“Ante la aparición de cualquier síntoma o signos se debe realizar la denuncia correspondiente en el formulario del Esavi (Efectos supuestamente atribuidos a la vacunación e inmunización ) en la web del Anmat. Este organismo tiene un área específica que registra, investiga y concluye si es realmente la vacuna la responsable de los síntomas”, concluye.