¿Cómo se las arreglarían los pianistas si de repente tuvieran dos pulgares en una mano? ¿Se les revolvería el cerebro o el dedo extra añadiría una nueva dimensión a su forma de tocar?
El neurocientífico Adlo Faisal y el equipo que dirige en el Imperial College de Londres desarrollaron un pulgar robot para averiguarlo, informa la agencia de noticias británica Reuters.
Al cabo de una hora de haberles colocado el dedo artificial junto al meñique de la mano derecha, seis pianistas habían aprendido a integrarlo en el teclado, dirigidos por señales eléctricas generadas al mover el pie.
Pasión propia
“Surgió de mi propia pasión por el piano y me pregunté qué pasa si tengo un dedo extra”, dijo a Reuters Faisal, profesor de Inteligencia Artificial y Neurociencia del Departamento de Bioingeniería y del Departamento de Informática de la universidad. “Hay una zona del cerebro dedicada a cada uno de los dedos”, agregó.
“Así que ahora viene la pregunta: si te doy un undécimo dedo ¿lo procesás de la misma manera que procesás un miembro normal?”, puntualizó.
Los investigadores del Brain & Behaviour Lab, que dirige Faisal, descubrieron que, independientemente de su capacidad para tocar, los seis pianistas y otros seis voluntarios que no tocaban se adaptaron rápidamente al pulgar, lo que sugiere que no estamos limitados a utilizar un dedo extra para las tareas con las que estamos familiarizados.
Conexión cerebral
“El hecho de que se pueda tocar con 11 dedos no es del todo trivial y tiene que ver con la forma en que el cerebro está conectado”, explicó Faisal.
“Así que lo que podemos decir es que es una prueba de existencia. Podemos hacerlo. El siguiente reto sería ¿podemos hacer dos pulgares, es decir, 12 dedos? ¿Podemos hacer algo más?”, desafió.